sábado, 22 de agosto de 2009

Tenía doce años


Después de un tiempo largo en el "desierto", vislumbro la luz.
Vuelvo a casa muy contenta, después de haber escuchado
las siguientes palabras, de parte del Señor:

"Levántate. No estás muerta, estás dormida",
"La niña se levantó y empezó a andar, tenía doce años".

Cualquiera que lea esto, pensará que estoy chalada, o que escribo
de una forma incomprensible... pero es que detrás de estas palabras está la clave
que me devuelve, otra vez, la alegría... y la convicción profunda
de que Cristo está vivo, y de que sé de quién me he fiado.

Durante un tiempo largo (me remonto a antes del verano...
a varios meses atrás...) he estado,
en el desierto, en la incredulidad.

Me faltaba la esperanza, la alegría de Cristo en mi vida, la paz...
me faltaba la fe.
Satanás ataca cuando estás débil, y yo había abandonado mucho
la oración, la intimidad con Dios...
como ya he pasado otras veces por esta situación tremenda,
de duda, de pecado,

sé que es un problema que se soluciona sobre todo con el
sacramento de la reconciliación
(a los pies de Cristo en la cruz
dejé toda mi podredumbre ayer),

con la limosna (el desprendimiento del dinero es una forma de
querer, realmente, volver al Padre),

y con la escucha de la Palabra.

Y el Señor tiene estos detalles, que me hacen estremecer.

Me explico,Jose Manuel y yo siempre sabemos cuánto tiempo hace
que comenzamos en el Camino, porque Nazareth tenía unos pocos meses,
cuando hicimos las catequesis.
Hoy Nazareth cumple doce años.

Hoy, se ha proclamado el evangelio en el que Cristo resucita a
una niña, hija del jefe de la sinagoga,
y hoy a mí el Señor me dice,
igual que a la niña:

"Levántate. Estás dormida, no muerta".

Mi alegría viene porque además de decirme esto el Señor,
que cuenta conmigo, que me quiere, que no se acuerda de
mis infidelidades, añade el texto evangélico:

"Y la niña se puso de pie y comenzó a andar. Tenía doce años".

Los mismos que tengo yo. Doce años en la fe.
Una cría que ha vuelto a la vida, y que de nuevo,
una vez más, empieza a andar.

Postdata: Esto lo escribí hará dos semanas, y hoy me ratifico en lo
mismo. Dios es grande, y me quiere, incluso cuando estoy
en mi miseria.

ESta tarde le decía a un sacerdote: "Llevo un tiempo en que no
veo a Dios en mi vida. Me gustaría verle presente en las cosas que
me pasan todos los días... Me falta fe...

-Lo que dices parece contradecirse... ¿Cómo es que te falta fe, y vienes
a recibir el sacramento del perdón?

-Es que yo sé que Él está ahí, presente, en mi vida, aunque ahora no lo vea...

-Mira, tan verdad es que está aquí, que te perdona,
incluso cuando dudas de su amor...

Y tras recibir el perdón, me di cuenta de que me estaba pasando como a
la gente que seguía a Jesús porque "les daba de comer",
porque "les curaba", porque "hacía milagros",
porque les daba "gustito" oír a uno que les hablaba de Dios...
pero su corazón estaba muy lejos de lo que Cristo quería de ellos.

Yo necesito los "milagros" para tocarLe... necesito acontecimientos
en los que ver cómo actúa en mí, o en los que tengo alrededor...

Puede ser que este desierto sea una forma de purificar la fe,
puede ser que tenga que seguirle, incluso,
en la oscuridad...

Señor, adónde iré... si sólo Tú tienes palabras de vida eterna.