sábado, 8 de agosto de 2009

En un pueblecito de 100 habitantes




Estoy plantada frente al ordenador, y no me resisto a subir unas cuantas fotos...
de nuestras vacaciones. Este año han sido un tanto diferentes.
Han faltado los abuelos (mis padres)y los tíos solteros (mis hermanos).
Les hemos echado de menos, sobre todo a la hora de las partiditas de dominó
-que este año han brillado por su ausencia- y de los saraos
(guitarrita en mano) a la luz de la luna.

Ni que decir tiene que cada familia tiene sus "tradiciones",
recuerdo que cuando nos reunimos hace escasamente dos meses para
celebrar la comunión de una sobrina nuestra, la familia "política" nos
deleitó con teatro. Cierto.

El abuelo -en la sobremesa- empezó a declamar sainetes,
cortes de obras clásicas,
que, nos parecieron una delicia.

Nosotros somos más de palmas y cante. Y montamos cada una que paqué...
Este año han faltado dos cantaores, y eso se nota. Pero bueno, la novedad
han sido unas sesiones de cine casero, fabulosas... resulta que la casa
tenía un proyector de cine, y una pantalla de esas que se desenrollan y
ocupan toda la pared... hemos visto más cine en quince días,
que en varios años juntos.

A propósito, hemos estado en un pueblecito de Burgos,
de unos cien habitantes. Una gozada.

En plena naturaleza, y en una casa extraordinaria. Nazareth decía:
"Le pondría un 10, si tuviera piscina". Lo cierto es que no hacía falta, porque
aunque de día hacía calor, no apetecía bañarse... algún día más caluroso
enchufamos la manguera...
de noche dormíamos con manta.

Incluso hubo dos noches que encendí la calefacción.

Por otro lado, al poco de llegar a Burgos, tuve una experiencia

que me hizo pensar...

como vamos siempre con los niños por delante, es inevitable que

salga la conversación sobre si son todos nuestros,

sobre el número de hijos que cada quien ha tenido...


Y en éstas estábamos cuando una señora cubana, que servía en un bar

próximo a donde estábamos alojados, me comentó, sin ningún tipo de pudor

que ella había abortado cuatro veces...

-Esto mismo que ahora se quiere implantar en España,

ya se hacía en mi país cuando yo vivía allí.

Yo sólo he tenido un hijo, que ya es mayor...

a los otros, los abortaba al poco tiempo de quedarme embarazada.


-¿Y nunca te ha dado pena, lo que hiciste?


-No, porque no podía tenerlos. Los cubanos son muy golfos...

yo di con hombres que no eran responsables. Mi madre tuvo ocho hijos,

y sufrió mucho con mi padre. Yo no quería pasar por eso.

Después, en casa, pensándolo detenidamente, veía, por un lado,

que no podía juzgar a esta mujer, porque yo no estaba en su situación...

y por otro, me acordaba de esos niños no nacidos,

precisamente porque el acto de responsabilidad tendría que

haberse dado antes -no acostándose con el "golfo"-

y no después, silenciando unas vidas.





En fin, hemos hecho excursiones por los pueblos de los alrededores, senderismo,
hemos visto ermitas, castillos, playas... hemos subido en barco, y hemos comido
y dormido a placer. Venimos oxigenados y las pequeñas,
sobre todo Judith y Almudena, traen un colorcito estupendo.

Las niñas han disfrutado, entre otras cosas, con "Comanche",
un caballo que había allí cerca, al que han dado de comer,
y que rebautizaron, pues en realidad se llamaba "Moro".



Yo he comprobado que soy una desagradecida, y una envidiosa,
me encantaría tener la casa de la que hemos disfrutado...
durante todo el año.
Vuelvo y comparo, y caigo en la desesperación...
que si aquí no cabemos, que si tuvieramos una casa como aquella

habría que recoger menos, limpiar menos,
se oirían menos los gritos de los niños... etc,
en fin, que estoy hecha de barro.