martes, 29 de marzo de 2011

La alegría de la clausura

Mi hija Victoria (10 años), tan sentimental, empezó a llorar y no paraba. Era un mar de lágrimas. Pero, ¿por qué lloras, Victoria? Si ella está muy feliz... y sus padres también, aunque se les escape alguna lágrima... Victoria, desconsolada, se emocionó cuando vio a Pedro, el padre de Mª Dolores, bendecir a su hija que acababa de tomar los hábitos. Había sido una celebración entrañable, emocionante, intrépida y festiva. La fuerza del Espiritu nos llevaba a todos como si de una ola enorme se tratara, nos arrollaba, nos mecía, nos estremecía tanta fuerza de Dios. Al final de la celebración se hicieron inevitables las lágrimas. Sobre todo en los pequeños, que no entendían... Victoria vio a Pedro, el padre, que con la voz entrecortada bendecía a su hija ("hija, que el Señor te bendiga, te cuide, y te guarde para nosotros en la vida eterna")y no pudo contenerse. Clara, la amiga de Victoria, se sumó al desconsuelo por afinidad.

Maria Dolores entró en el templo con un vestido de calle, y con unos tacones de los que quitan el hipo, y al terminar la celebración, vestía una falda negra larga, una camisa blanca y unos calcetines blancos con sandalia negra. La transformación era evidente. Pero a lo externo acompañaba lo interno. María Dolores estaba exultante, la alegría se le derramaba por los ojos. La sonrisa no desaparecía de sus labios ni una milésima de segundo. A los que la hemos conocido (a distancia) nos ha asombrado mucho la transformación... María Dolores era más bien seca, seria, criada entre siete varones, se le habia pegado algo de la brusquedad de los chavales... ahora se muestra cercana, muy alegre, feliz. Lola, como la llaman sus amigos, era /y es/ valiente y decidida, tenía muchas inquietudes, quería crear una empresa, hacer muchas cosas... "ahora, todo eso lo considero basura, porque he encontrado el verdadero amor de mi vida, la perla preciosa de la que habla el evangelio", nos dijo a todos en su despedida de la parroquia.
Nos dijo también que desde pequeña había tenido una inquietud que no había sabido canalizar hasta ahora. "Gracias a mi padrino, fuimos un grupo de jóvenes a visitar a las dominicas de Lerma, y allí comprobé que las monjas son como nosotros, personas normales, que están entregadas a la oración, que han encontrado a Alguien que las llena completamente. Allí tuve un encuentro muy fuerte con el Señor, y ha sido como un puzzle de veinte mil piezas pequeñitas que él ha ido enlazando como un verdadero artista. Durante un año, el Señor ha puesto un deseo muy grande en mi corazón de seguirle, amarle, y hacer su voluntad" y ahora ha llegado el momento de entrar en la clausura".

Verdaderamente ha sido un paso del Señor para todos. Tiene veintipocos años y a todos nos ha impactado su decisión, que no ha sido repentina, aunque pudiera parecérnoslo así a los que la conocemos de hola y adiós.

Hemos estado en Lerma, acompañándola, junto con todas las comunidades de la parroquia. Es impresionante la alegría de las monjas de clausura. Es algo que siempre me ha llamado la atención. Mª Dolores entra en una orden, la de las dominicas, que está dedicada a la oración y a la predicación. Allí llega alguien pidiendo una Palabra de parte de Dios, un consuelo, una ayuda espiritual, y la comunidad entera para lo que esté haciendo para atender al visitante.
Yo, como soy muy práctica, le di a una de las monjas un papelito donde expresaba todo lo que nuestra familia necesita ahora mismo: "Que el Señor nos dé comunión, que nos dé a los padres sabiduría y discernimiento para educar a nuestros hijos, y que el Señor bendiga a cada uno de ellos, para que puedan conocerle, amarle y seguirle". Y me quedé tan ancha. La monjita me dijo que rezarían por nosotros. Así que, teniendo este extra de oraciones, ¿a quién he de temer?

miércoles, 16 de marzo de 2011

El misterio de la cruz

Me ha encantado este vídeo, es muy ilustrativo, ameno, y te ayuda a comprender el misterio de la cruz

martes, 15 de marzo de 2011

Siéntate, solitario y silencioso

Jesús, hijo de David, ten misericordia de mí que me falta el aliento

-¿Qué quieres que haga?

-Señor, que vea.Quítame la ceguera y la confusión interior. Quítame este malestar y esta incertidumbre, dame de tu Espíritu y de tu sabiduría.
Que yo sepa como cuidar de mis hijos. Sobre todo de los mayores. No me dejes sola, Señor, que me muero.Envíame tu Espíritu Santo. Que sepa ver más allá. Que pueda ver qué cosas ocurren en lo más recóndito de su ser. Y que hilvane y haga encaje de bolillos... Señor, necesitan tanto de ti. De tu Palabra y de tu Espíritu. Y yo estoy tan confusa... Sal fiador por ellos y ellas. Señor, bendícelos, sánalos, ámalos como a la niña de tus ojos. No permitas que ninguno de los que nos has encomendado se pierda.

Llevo varios dias dandole vueltas a un salmo... ese que dice:

"Dios mío, Dios mío,
me has atado, me has atado,
y me has hecho caminar entre tinieblas.

Has tensado para mí, tu arco,
y me has hecho blanco de tus flechas".

Y así me siento yo. Caminando entre tinieblas. Sin saber muy bien quién
o qué es el enemigo,contra qué nos enfrentamos Jose Manuel y yo. Zarandeados, fustigados, en medio de una gran incertidumbre. Con la sorpresa continua de situaciones imprevistas que nos superan.

Como blanco de tus flechas. Y creo que es así. Somos el blanco de tus flechas, pero todo tiene un sentido, un sentido trascendente que he empezado a vislumbrar.

Tú no nos dejas solos a pesar de lo duro de la prueba. Hay muchas personas con nombre y apellido rezando por nosotros, y tenemos a toda una comunidad detrás, sosteniéndonos, y eso es una maravilla. Que se dé la comunión en el sufrimiento. Cada vez veo más claro que el amor verdadero se hace patente durante las adversidades, no cuando todo va bien, sino cuando el hermano sufre. Entonces surge esa unidad (mirad cómo se aman) de la que eran testigos los primeros cristianos.

(Para los que leen esto, siento no ser más explícita. Pero no conviene por prudencia).

Hace poco se proclamó la lectura de las tentaciones de Cristo, y creo verdaderamente que tú estas permitiendo que seamos tentados en nuestra historia.

Tírate desde aquí, porque los ángeles te recogerán y no permitirán que tropiece tu pie.¿No eres tú acaso el Hijo de Dios?, le decía Satanás a Jesús,llevándole a lo alto del templo.

Y dijo Cristo: Apartate de mí, Satanás. Porque está escrito, no tentarás al Señor tu Dios.

Yo me veo reflejada en esta tentación, la de apartar mi historia presente, rechazarla, porque el Señor no sabe lo que hace. Lo está haciendo mal. Permite que yo sufra. Yo jamás había renegado de mis hijos. Jamás había renegado de la historia de salvación que el Señor está haciendo con nosotros. Y hace días me encontré renegando de uno de ellos. Me sorprendí de ver lo bajo que puedo caer. Y aún más si el Señor no nos sostiene.

"Sientate, solitario y silencioso
porque el Señor te lo ha impuesto,
inclina el oído,
quizás haya esperanza.
Pon la mejilla, a quien te hiere
porque no rechaza para siempre el Señor,
aún cuando aflige,
usa de misericordia
según su gran amor.

Este salmo me ha confortado. Porque me da la clave. Humilde y silenciosa, a la escucha de mi Padre, que habla a través de los acontecimientos de mi vida. Expectante, y tranquila, en oración. Porque yo soy hija de mi Padre, y heredera del cielo.

Hace un tiempo nos decían durante una catequesis: ¿De quienes sois hijos, de Dios o de Satanás? Y en un pasaje bíblico, Cristo decía: "Vosotros os decís hijos de Abraham, pero vuestro padre es el diablo". Si fuérais hijos de Abrahán, creeríais que yo vengo del Padre. Pero queréis matarme porque sois hijos de la noche y de las tinieblas.(es una versión un poco libre, pero la idea es ésta).

Hoy quiero descubrir tu paternidad, Señor, y acurrucarme en tu regazo. Quiero que me hagas descubrir mi maternidad, y que yo sepa acoger y abrazar a los que me has encomendado. Sólo te pido tu aliento, Señor. Dame entrañas de misericordia y discernimiento para hacer tu voluntad, aun en medio de la tribulación.
P.D.(Rezad por nosotros).

miércoles, 9 de marzo de 2011

Ideas claras sobre el sexo, para adolescentes

He encontrado estas charlas en Internet, y me han parecido tan buenas, que no me resisto a colgarlas en la red. Pueden ayudar a muchos adolescentes y jóvenes a entender el porqué es importante respetar tu propio cuerpo y el de tu chico/a.










sábado, 5 de marzo de 2011

El milagro de Juan Pablo II

Marie Simon Pierre nos relata el milagro que lo llevará a los altares.


Marie Simon Pierre

Han pasado pocos años desde el fallecimiento de Juan Pablo II y ya son muchos las curaciones extraordinarias que se le atribuyen. No son fruto de una histeria colectiva, sino casos concretos avalados por testigos fidedignos y contados con objetividad y, sobre todo, con gran serenidad. La realidad es que Juan Pablo II se ha convertido en un gran intercesor. Marie-Simon-Pierre, una religiosa nacida en 1962, perteneciente a la congregación de las Hermanitas de las Maternidades Católicas, que trabaja actualmente en la maternidad de la Sainte Félicité, en el distrito número 15 de París, ha sido curada de parkinson por intercesión de Juan Pablo II. A Marie Simon Pierre le diagnosticaron los trastornos neurológicos propios de esa enfermedad en junio de 2001, una enfermedad que también padeció Juan Pablo II. Este es el relato de los hechos escrita por la propia monja agraciada con este milagro:

“Estaba enferma de Parkinson. Me fue diagnosticado en junio de 2001. La enfermedad me había afectado toda la parte derecha del cuerpo, causándome una serie de dificultades. Después de tres años, de una fase inicial lentamente progresiva de la enfermedad, se agravaron los síntomas, se acentuaron los temblores, la rigidez, los dolores y el insomnio.

Desde el 2 de abril de 2005, comencé a empeorar de semana en semana, me debilitaba de día en día, no conseguía escribir -soy zurda- y, si intentaba hacerlo, lo que escribía era difícilmente legible. No conseguía conducir el coche, salvo en trayectos muy breves, porque mi pierna izquierda se bloqueaba a veces durante mucho rato y la rigidez no me permitía conducir. Para desarrollar mi trabajo en el ámbito hospitalario necesitaba además siempre mucho tiempo. Estaba totalmente exhausta. Después del diagnóstico, me era difícil ver a Juan Pablo II en televisión; pero me sentía muy cercana a él en la oración, y sabía que podía entender lo que yo vivía. Admiraba su fuerza y su coraje, que me estimulaban a no rendirme y a amar este sufrimiento. Sólo el amor habría dado sentido a todo ello. Era una lucha cotidiana, pero mi único deseo era vivirla en la fe, y de aceptar con amor la voluntad del Padre.

Era la Pascua de 2005, y deseaba ver a nuestro Santo Padre en televisión, porque en mi interior sabía que sería la última vez que iba a poder hacerlo. Durante toda la mañana me preparé para aquel encuentro (él me mostraba lo que yo sería al cabo de algunos años). Era muy duro para mí, que era tan joven... Pero un imprevisto no me permitió verlo. La tarde del 2 de abril de 2005, estaba reunida toda la comunidad para participar en la vigilia de oración en la plaza de San Pedro, transmitida en directo por la televisión francesa de la diócesis de París, cuando fue anunciada la muerte de Juan Pablo II se me vino el mundo encima. Había perdido al amigo que me entendía y que me daba la fuerza de seguir adelante.


Notaba en aquellos días la sensación de un gran vacío, pero sentía la certeza de su presencia viva. El 13 de mayo, fiesta de Nuestra Señora de Fátima, el Papa Benedicto XVI anunció oficialmente el comienzo de la Causa de beatificación y canonización del Siervo de Dios Juan Pablo II. A partir del 14 de mayo, las hermanas de todas las comunidades francesas y africanas de mi Congregación pidieron la intercesión de Juan Pablo II para mi curación. Rezaron incansablemente, hasta que llegó la noticia de la curación. Yo estaba de vacaciones en aquellos días. El 26 de mayo, concluido el tiempo de descanso, volví a la comunidad, totalmente exhausta a causa de la enfermedad. Si crees, verás la gloria de Dios: éste es el fragmento del evangelio de San Juan que me acompaña desde el 14 de mayo. Y el 1 de junio: ´¡No puedo más! Debo luchar para mantenerme en pie y andar´. El 2 de junio, por la tarde, fui a hablar con mi Superiora, para pedirle que me dispensara de toda actividad laboral. Me pidió que resistiese todavía un poco, hasta el regreso de Lourdes, en agosto, y añadió: ´Juan Pablo II no ha dicho todavía la última palabra´.

Luego, la Superiora me dio una estilográfica y me pidió que escribiera «Juan Pablo II». Eran las 17 horas. A duras penas, escribí «Juan Pablo II». Ante la caligrafía ilegible, permanecimos largo rato en silencio... Y la jornada prosiguió como de costumbre. Tras la oración de la tarde, a las 21 horas, pasé por mi oficina para volver después a mi habitación. Sentí el deseo de coger una estilográfica y escribir, como si alguien me dijera: ´Coge tu estilográfica y escribe…´. Eran las 21:30/45. La caligrafía era claramente legible, ¡sorprendente! Me tendí sobre la cama, estupefacta. Habían pasado exactamente dos meses desde el regreso de Juan Pablo II a la Casa del Padre... Me desperté a las 4:30, sorprendida de haber podido dormir. Me levanté de la cama. Mi cuerpo ya no estaba dolorido, había desaparecido la rigidez e interiormente ya no era la misma. Luego sentí una llamada interior y un fuerte impulso a caminar para ir a rezar ante el Santísimo Sacramento. Bajé a la capilla y permanecí en oración. Sentí una profunda paz y una sensación de bienestar, una experiencia demasiado grande, como un misterio, difícil de explicar con palabras.

Después, siempre ante el Santísimo Sacramento, medité los misterios de la luz, de Juan Pablo II. A las 6 de la mañana, salí para unirme a mis hermanas en la capilla, para un momento de oración, seguido de la celebración eucarística. Tenía que recorrer unos 50 metros y, en aquel instante, al caminar, me di cuenta de que mi brazo izquierdo se balanceaba, ya no estaba inmóvil a lo largo del cuerpo. Noté también una ligereza y una agilidad física desconocidas para mí desde hacía mucho tiempo.

Durante la celebración eucarística, me sentí colmada de alegría y de paz. Era el 3 de junio, fiesta del Sagrado Corazón de Jesús. Al salir de Misa, estaba segura de que estaba curada... ´Mi mano ya no tiembla. Me voy de nuevo a escribir´. A mediodía dejé de tomar las medicinas. El 7 de junio, como estaba previsto, fui al neurólogo que me atendía desde hacía 4 años. Se quedó sorprendido, también él, al constatar la imprevista desaparición de todos los síntomas de la enfermedad, a pesar de que había interrumpido el tratamiento cinco días antes de la visita. Al día siguiente, la Superiora General confió a todas nuestras comunidades la acción de gracias, y toda la Congregación inició una novena de gratitud a Juan Pablo II.

He interrumpido todo tipo de tratamiento. He reanudado el trabajo con normalidad, no tengo dificultad alguna para escribir, y conduzco incluso larguísimas distancias. Me parece haber renacido; es una vida nueva, porque nada es como antes. Hoy puedo decir que el amigo que dejó nuestra tierra está ahora muy cercano a mi corazón. Ha hecho crecer en mí el deseo de la adoración del Santísimo Sacramento y el amor por la Eucaristía, que tienen un lugar de privilegio en mi vida de cada día”.

martes, 1 de marzo de 2011

un asesino llevado a los altares


En la Iglesia católica solo ha habido un caso precedente. Se trata del caso de alguien que es condenado a la pena capital por haber cometido un delito y que, posteriormente, es llevado a los altares. Y fue hace más de dos mil años: el buen ladrón que muere crucificado junto a Jesús.

Esto explica la extrema cautela con la que el caso del joven francés Jacques Fesch fue presentado 40 años después de su muerte y precedido de una larga y concienzuda reflexión encabezada por el entonces arzobispo de París, Jean Marie Lustiger, y el visto bueno de la Congregación para las Causas de los Santos. El proceso ha concluido su fase diocesana y va rumbo a Roma.

Cuando el purpurado galo abrió la investigación diocesana en 1987 explicó a través de su portavoz que "declarar santo a alguien no significa para la Iglesia admirar los méritos de esa persona, sino proponer un ejemplo de la conversión de alguien que, independientemente de su itinerario humano, fue capaz de oír la voz de Dios y arrepentirse. No hay pecado tan grave que impida que el hombre llegue a Dios y le proponga la salvación".

Playboy y asesino

Jacques Fesch, nacido el 6 de abril de 1930, Saint-Germain-en-Laye fue hijo de un rico banquero de origen belga, artista y ateo, distante de su hijo e infiel a su esposa, de quien finalmente, se divorció.

Jacques, que había sido educado en la religión católica, abandonó la fe a la edad de 17 años. A los 21, se contrajo matrimonio civil con su novia embarazada. Su suegro le consiguió un puesto en su banco, viviendo la vida de un playboy. Abandonó a su esposa y su hija y tuvo un hijo con otra mujer.

El crimen

El 24 de febrero de 1954, para financiar la compra de un barco que lo llevaría por el Pacífico, se dirigió a robar a Alexandre Sylberstein, un cambista. Herido pero consciente, Sylberstein logró dar la alarma. Fesch huyó, perdiendo sus gafas. Durante la huida disparó contra Jean Vergne, un oficial de policía que le perseguía, causándole la muerte. Minutos más tarde fue detenido. Asesinar a un oficial de policía era un crimen atroz y la opinión pública, inflamada por los informes de prensa, se manifestó decididamente a favor de su ejecución. La Cour d´Assises de París lo condenó a muerte el 6 de abril de 1957.

Extraordinaria conversión

En un inicio Fesch era indiferente frente a su situación y hacía mofa de la fe católica de su abogado. Sin embargo, después de un año de prisión, el joven asesino experimentó una profunda conversión y se arrepintió amargamente de su crimen. Aceptó su castigo con serenidad y se reconcilió con su esposa la noche antes de ser ejecutado. Su última entrada del diario fue "En cinco horas, voy a ver a Jesús". Fue guillotinado el 1 de octubre de 1957.

Después de su muerte, su esposa y su hija honraron su memoria como un ejemplo de redención. Al principio fue despreciada por el público, pero con el trabajo de la hermana Véronique, una monja carmelita, y el padre Augustin-Michel Lemonnier, la familia llevó cabo la publicación del diario espiritual que había escrito Jacques en prisión, escritos que posteriormente han servido de inspiración para muchas personas.
Una causa controvertida

El 21 de septiembre de 1987, el arzobispo de París, cardenal Jean-Marie Lustiger, abrió una investigación diocesana sobre su vida; la causa de su beatificación fue abierta formalmente en 1993. Este caso ha sido objeto de una viva controversia por los que piensan que sus crímenes lo hacen indigno como modelo a seguir frente a quienes hacen hincapié en la esperanza de su conversión final.


"Beatificar a Jacques Fesch no significa rehabilitarlo moralmente, ni darle un certificado de buena conducta o un premio como la Legión de Honor. Su conversión fue de orden espiritual. Beatificar a Jacques Fesch será reconocer que la comunidad cristiana puede rezar a alguien que está al lado de Jesús", escribió el teólogo André Manaranche en respuesta al debate.


El 02 de diciembre 2009 el cardenal Angelo Comastri acompañó en el Vaticano a la hermana de Fesch, Monique, quien le confió a Benedicto XVI: "Mi hermano y yo nos entendíamos a lo grande. Cuando cumplió los ocho años de edad, fui su madrina de bautismo, y cuando estuvo en la cárcel seguí de cerca su extraordinaria conversión".


El cardenal Comastri refirió entonces al L´Osservatore Romano que cuando ejercía al cargo de capellán del Regina Coeli, un prisionero le presentó la fascinante historia de Fesch.

"Es un testimonio único: joven descentrado de rica familia, se convierte en asesino y es condenado a muerte. Tenía 27 años. En la cárcel vive una conversión radical, fulgurante, alcanzando altas cumbres de espiritualidad", añadió. TOMADO DE religionenlibertad.com