martes, 30 de julio de 2013

¡¡¡Ánimo, te fe!






¿Qué me gustaría decirles a esas personas que han perdido a sus seres queridos?

-¡Ánimo, ten fe!

Santa teresa de Avila decía que esta vida es una mala noche, en una mala posada. Yo no diría tanto, pero sí que a veces la vida se hace muy cuesta arriba. Sobre todo cuando inesperadamente uno: carne de tu carne y sangre de tu sangre, se va. Sin más. Y de una forma tan horrenda...
Pero creo que en estas situaciones límite también hay que mirar más allá... y más allá del tren descarrilado hay 79 personas a las que se les ha abierto una puerta. Una puerta ancha y luminosa, junto a ella les recibe María, Madre del Amor con mayúsculas. Ella conoce el dolor y el sufrimiento porque los vivió de primera mano; ella sabe lo que es perder un hijo, un esposo, un pariente... Ella dejó en la cruz al Amor de su vida. Su ser fue traspasado por un dolor inenarrable y sabe lo que es eso.

María, seguro, ya ha acogido con amor de Madre a cada uno de los que se han ido en este accidente terrible, y los ha presentado ante el Padre. Y el Dios de la Misericordia y de la Justicia, preguntará a cada uno: ¿Has amado? Esta es la pregunta-clave de la que seremos escrutados. En la respuesta a esta pregunta nos va la verdadera Vida. ¿Has amado?

Por ello es importante orar por los que nos han dejado. La oración de la Iglesia peregrina en la tierra ayudará a éstos que están siendo escrutados. Pero contamos, además, con una baza a nuestro favor: junto al Padre, estas personas queridas ven al Hijo, a Cristo Jesús mostrando sus llagas gloriosas por cada uno de ellos. "Yo he muerto por éste", dirá. "Y por éste", "y por este otro...".

Ante tal declaración de Cristo Jesús -y si la persona, verdaderamente quiere gozar del Amor con mayúsculas- el Padre dirá conmovido: "Entra, en el gozo de tu Señor".


Que María nos sostenga a todos en la oración, igual que hizo con la primera comunidad de creyentes, cuando su hijo fue muerto. Ella los sostuvo en la fe hasta que le vieron resucitado. Que haga con todas estas familias lo mismo. Que las sostenga en la fe hasta que puedan verles de nuevo, cara a cara.


domingo, 28 de julio de 2013

YO SOY LA RESURRECCIÓN








El otro día, yendo en el coche camino del trabajo, escuché por la radio a una señora que se declaraba católica, hablar de la tragedia ocurrida en Santiago de Compostela... decía que no entendía cómo Dios permitía estas muertes, en la fiesta del apóstol Santiago, y en un pueblo creyente, que iba a celebrar la fiesta de su patrón. 
La verdad es que mirado desde la óptica de que ningún acontecimiento escapa del conocimiento de Dios, este hecho trágico, como tantos otros, no son "entendibles". Pero al igual que digo esto, digo que los caminos del Señor no son nuestros caminos, y que Él de cualquier mal saca bien. También sé que Dios no es un monstruo ... al contrario, el Señor está al lado del que sufre.

Dios se ha hecho hombre en Jesús, para compartir la vida de los hombres. El dolor y el sufrimiento también.Y lo vemos hoy en este episodio de Lázaro; Jesús se conmueve porque su amigo Läzaro ha muerto, y ve el dolor de sus hermanas y de sus seres queridos... Y solloza, y se le llenan los ojos de lágrimas... y lo resucita. Esa es la respuesta que Jesús da al dolor: la sanación, la resurrección. Dios no es un monstruo.


---"En aquel tiempo, muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María, para darles el pésame por su hermano. Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedaba en casa. Y dijo Marta a Jesús:

-«Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá». Jesús le dijo: -«Tu hermano resucitará». Marta respondió: -«Sé que resucitará en la resurrección del último día.

Jesús le dice: -«Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mi, no morirá para siempre. ¿Crees esto?». Ella le contestó: -«Si, Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo.» (Juan 11, 19-27)--



"Yo soy la resurrección y la vida", le dirá a Marta. ¿Crees esto? ¿Crees que el que haya muerto vivirá, y que la muerte no tiene ningún poder sobre los Hijos de Dios? Este es el punto. ¿Lo crees tú hoy? ¿Lo creo yo?
¿Creo que Jesús es el Señor y que la muerte ha sido vencida? Si creo esto, no hay lugar para la desesperación.

Y es admirable la respuesta de Marta: "Señor, yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo, el que tenía que venir al mundo". Agarrémonos a esta profesión de fe y elevemos una oración para que estas 79 personas fallecidas estén ya degustando las delicias del Amor de Dios. Acordémonos también de sus familiares.

Señor, tú que resucitaste a tu hermano Lázaro, concédeles a estas personas que han muerto gustar ya de la verdadera Vida junto a Ti, y dales a sus familias el consuelo de tu Amor, y la paz en el corazón. Por tu Hijo, Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.