viernes, 19 de febrero de 2010

"¿Qué podemos decir de nuestro Padre Dios? Pues que ha sido bueno, buenísimo con nosotros"


Ángel y Mari Carmen viven en Paracuellos de Jarama (Madrid). José Manuel y yo les conocimos hace poco, por una entrevista que tenía que hacerles, y que se publicará próximamente, para la revista Buenanueva. Aquí transcribo parte de su testimonio, sin duda, muy enriquecedor para todos nosotros.

Los Olías-Soler tienen trece hijos, nueve varones y cuatro hembras, a saber: Juan (el mayor: 29 años), Ignacio, Francisco y María (mellizos), Javier, Miguel Ángel, Esteban, Carmen, Emmanuel, Luis, Yael, Raquel y Andrés (el pequeño, 9 años).

“Trece hijos en el transcurso de dieciocho años”, comenta Mari Carmen, quien señala que para ella, sus hijos son “una auténtica bendición de Dios”.


¿Cuál es vuestra historia? ¿Cómo os ha enganchado el Señor para su viña?

Mari Carmen: Yo provengo de una familia cristiana, mis padres tenían una inquietud enorme por hallar respuestas al por qué de su existencia… mi padre José María se tomaba la vida muy en peso, era un inconformista, siempre quiso que su vida se correspondiera con su fe. Fue cursillista (de los Cursillos de cristiandad) y ahí conoció a Kiko Argüello, el iniciador del Camino Neocatecumenal, que por aquel entonces, también era cursillista… un día llamó por teléfono a Kiko para que dirigiera una utrella (convivencia de grupo) y sus padres le comentaron que ya no vivía allí, que estaba en una chabola en Palomeras.


Mi padre fue a buscarle, y Kiko le dijo: “Mira, Jose Mari, nadie da lo que no tiene, yo he venido aquí a buscar a Cristo, y de aquí no me voy”. Mi padre quedó tan impactado que dejó Cursillos, y participó de toda esa experiencia nueva … Yo, desde los seis años, acompañaba a mis padres a la Palabra y a la Eucaristía en las barracas, entonces no tenía capacidad de análisis, y contemplaba esa experiencia religiosa como hacen los niños, acogiéndola en el corazón. Cuando crecí, vi la acción del Espíritu Santo entre los pobres.


Ángel: A mí, mis padres me transmitieron la fe en un contexto católico de misa los domingos, bendición de la mesa, colegio religioso hasta que entré en la Universidad … pero la fe de mis padres llegó un momento en que se me había quedado pequeña… eran los últimos años de la época de Franco, había mucha agitación social y política, y creo que, existencialmente, algo cambió dentro de mí. No me convencía esa forma de ver la Iglesia que me habían inculcado mis padres, los curas… así que en esa crisis de valores, existencial, me alejé de la Iglesia, aunque permanecía en búsqueda constante a través de la cultura, de los estudios, de la política…tenía una inquietud de solidaridad social muy grande… así estuve hasta que, aparentemente por casualidad (pienso que las casualidades no existen, sino que todo forma parte de la historia de salvación de Dios para cada uno) un amigo me invitó a acompañarle a unas catequesis. Fui a regañadientes (tenía 19 años), y aquello cambió radicalmente mi vida.

Escuché una serie de cosas que jamás había oído antes; se me presentó una imagen de lo que era la Iglesia que yo desconocía…pensé: o lo que me han transmitido hasta ahora tiene poco que ver con la Iglesia de Cristo…o esto es otra cosa distinta… no sé si son herejes, cismáticos… pero esto me convence y lo anterior no. Entonces no se llamaba ni siquiera Camino Neocatecumenal; corría el año 1976, por entonces era Papa, Pablo VI.


Después conocí a Mari Carmen, nos hicimos novios, y me empapé muchísimo de lo que fueron los comienzos del Camino, porque su familia tenía mucha relación con KiKo Argüello.


Supongo que os preguntarán muchas veces, por qué tenéis trece hijos.

Ángel: Sí. Hubo un momento determinante en nuestra vida matrimonial que nos hizo reflexionar profundamente sobre el hecho de estar abiertos a la vida. Y fue que nuestro tercer hijo murió al nacer. Nació, vivió tres minutos, y se murió… aquello fue como una sacudida, te quedas sorprendido… llegamos a la conclusión de que el Señor era el dueño de la vida y de la muerte, de que nosotros no teníamos ningún poder para dar la vida ni para conservársela a nadie… En ese sentido, muchísimo antes de que en el Camino se empezase a hablar de esta concepción de estar abiertos a la vida (no como un moralismo ni como una ley, sino como una disposición de estar abiertos a la voluntad de Dios, en definitiva, también en muchos otros ámbitos), ya nosotros habíamos asumido esa verdad. Esta experiencia nos llevó a estar dispuestos a salir de misión, poco tiempo después, adonde Dios quisiera.


Mari Carmen: Cuando murió este hijo me di cuenta, parecerá una perogrullada, que nacemos para morir, que la muerte forma parte de la vida, y que yo no la controlo. Recuerdo que cuando llegué del hospital, miraba a mis dos hijos mayores y pensaba: “Entonces, habéis nacido para morir”, fui consciente de algo que racionalmente es tan evidente… nacer para morir. Fui consciente de que si no teníamos una respuesta ante la muerte, todo era absurdo: era un absurdo casarse, era un absurdo tener hijos… entonces me di cuenta de que mis hijos nacían para la vida eterna.


Y tuve una experiencia personal muy fuerte con Cristo resucitado, en mi fuero interno él me decía, “tú no entiendes nada, pero entenderás”… tuve la certeza de que mi hijo había sido llamado para la Trascendencia. Yo a mis hijos les procuraré comida, vestido, estudios, todo el amor del que sea capaz… pero han nacido por una razón fundamental, porque existe la vida eterna.


Cuando alguno tiene una crisis de fe (quizás parezca fundamentalista lo que voy a decir, pero quiero que lo comprendan), les digo: “Prefiero verte muerto que perdido…Tú has nacido porque eres hijo de Dios, y has nacido para la Vida junto a Él, no malgastes este legado precioso que tienes”.




Mari Carmen va desgranando una a una, las maravillas que el Señor ha hecho con ellos:


“¿Qué podemos decir nosotros de nuestro Padre Dios?” - comenta M. Carmen, en un susurro: “Pues que ha sido bueno, buenísimo… nos lo ha dado todo, por ejemplo, esta casa. Nosotros hemos estado viviendo quince personas en un piso en Tres Cantos (un barrio de Madrid) hasta hace algo más de dos años, nos organizábamos en literas de tres… pero iban creciendo… hasta que el Señor permitió que nos concedieran la hipoteca de esta casa, algo insoñable para nosotros (tiene 400 m2 más el jardín). Pues mira, ahora nos podemos reunir toda la familia, somos veintitantos a comer todos los domingos…


También podría decirte que efectivamente el sufrimiento existe, que tenemos que aceptar ser criaturas, y que es maravilloso vivir sabiendo que tienes un Padre que te cuida. Mis nietos, por ejemplo, no se plantean el interrogante: ¿mamaré mañana? No, ellos duermen plácidamente en la confianza que tienen en sus padres… esto mismo es lo que yo he conocido a través de Jesucristo, el profundo amor que nuestro Padre nos tiene a cada uno de nosotros.


Y para redondear la reflexión, Mari Carmen desvela lo más íntimo de sí misma: Las dos cosas que siempre he querido conquistar en mi vida, las he encontrado en Cristo Jesús: El ser querida y querer, y el ser libre… Es impresionante que ni el amor de los padres, ni el amor conyugal (aunque es reflejo del amor de Dios) son perfectos, ninguno te sacia completamente. Sólo Cristo me ha dado el amor y la libertad que yo buscaba. Verdaderamente está vivo y resucitado.