sábado, 9 de octubre de 2010

Jerby, picotín, y demás máscotas

Desde que Blanquito, el conejo blanco chino que tuvimos hace unos años "se fue a China" con su familia, no hemos tenido más animales en casa, hasta ahora. Aquella fue una experiencia traumática, porque el pobre conejito, a las dos ó tres horas de llegar a casa, ya estaba estresado. Tanto, que daba saltos y brincos en la jaula, como un poseso. Los niños, entonces pequeños, le tocaban y acariciaban continuamente, y Blanquito debió sentirse incómodo. Pero podría haber seguido con nosotros, de no ser porque lo colocaron sobre la mesa de la cocina y con el nerviosismo que llevaba encima, dio un salto al suelo, y se destrozó por dentro.
Aquello fue terrible.

Ahora, al cabo de los años, se han enterado de la verdad. Que no se fue a China. Que murió. Rocío (14 años) no daba crédito... ¿pero de verdad que no se fue a China? ¡pobre conejo! ¡Qué pena!

Ahora, desde hace un mes, y tras mucho insistir los mayores en que querían tener mascota, tenemos en casa un jerbo (jerby), un pollito (picotín) y una codorniz (codor), los tres conviven más o menos apaciblemente... jerby tiene como propiedad la parte de arriba de su jaula (con rueda incluida), y la parte de abajo pertenece a la codorniz. 


Miguel, mi hijo, a quien le encantan los animales, ha logrado incomunicar las dos zonas, por lo que la relación es sostenible. Aunque ayer el jerbo se coló en la casa de codor y la mordió en la pata... le tuvimos que poner betadine con un algodón; Picotín, por su parte, tiene una caja con serrín para él solo (lo malo de esto es que las briznas del serrín inundan la habitación, y hay que estar continuamente "aspirando"  la zona).

El pollito hizo su entrada triunfal en casa picándole en un ojo a Rocío (no fue nada, gracias a Dios), pero aparte de estas pequeñas cosas (y de que el  pollito pía continuamente, y de que hay que estar muy pendientes de Almudena, que cuando le parece mete la mano en la caja, para cogerle del pescuezo), las mascotas no han alterado "mucho" la vida familiar.