jueves, 5 de enero de 2012

"Aunque vaya contracorriente, soy feliz"

Este es Andrés Moreno, tiene 17 años, y estudia segundo de bachillerato, en los Maristas. Hablé con él para hacerle una pequeña entrevista, que se ha publicado en la revista Buenanueva. La traigo hoy aquí, porque me parece un testimonio interesante, de como un joven intenta seguir a Jesucristo. (En la foto, Andrés es el de la derecha)





-¿De dónde has recibido la fe?

He recibido la fe de mis padres;  no ha sido tanto que ellos  me hablaran explícitamente de Cristo, como ver sus creencias reflejadas en  su forma de vivir,  en el ejemplo que me han dado. Después la fe se ha ido afianzando gracias al Camino Neocatecumenal .

-          Tú has vivido un acontecimiento muy duro, la muerte de tu padre. ¿La fe te ha ayudado en este trance?

-          Sí, me ayudó muchísimo. Este hecho me fortaleció en la fe; vi la fuerza de la oración, lo mucho que Dios Padre nos ayudó, no sólo a mí, sino a toda mi familia. Porque estábamos tristes y doloridos, pero no desesperados ni hundidos.  Ahora, hablando contigo,  me acabo de dar cuenta de lo importante que es tener una comunidad de hermanos; en concreto la comunidad de mis padres estuvo ahí, rezando con nosotros, estando presentes en el velatorio…  Me acuerdo que una hermana de la comunidad de mis padres, durante el entierro, me dijo que ella había pasado por una experiencia similar a la mía; me dijo: “Cuando pase el tiempo y eches la vista atrás, verás que Dios te ha ayudado especialmente, que ha estado cuidado de ti de una manera especial, única”. Y ahora veo que Dios me ha ido cuidando hasta en las cosas más pequeñas del día a día.

-          ¿Algún hecho en concreto donde tú hayas visto que Dios te ha cuidado?

-          Dios ha ido proveyendo personas (desde un sacerdote con el que hablar, por ejemplo, hasta hermanos concretos, una comunidad en la que madurar mi fe, un grupo de discernimiento vocacional al que asisto con regularidad… He visto que Dios actuaba también en que mi madre no se derrumbó  después de la muerte de mi padre, y eso que ella se había quedado sin apoyos, y sin embargo mi hermano y yo la veíamos serena, tranquila, con paz. Sobre todo he visto que Cristo está resucitado, ya digo, tras la muerte de mi padre, ahí es donde me he dado cuenta de la importancia de la fe, que es la roca en la que sustentar la vida.

-¿Cuál es tu relación con tus compañeros de colegio y profesores? ¿En alguna ocasión has dado testimonio de Cristo, delante de ellos?

En esto he pasado por dos etapas. En un primer momento, sobre todo por miedo  y también por no contar con una formación suficiente, cuando oía críticas a la Iglesia o comentarios que yo sabía que no eran ciertos, me callaba, no daba mi opinión, porque no me consideraba capacitado para argumentarla convenientemente. Ahora, porque Dios así lo quiere, estoy perdiendo el miedo; en esto también me ayuda  el  grupo de discernimiento vocacional  al que asisto, donde se habla de todo tipo de temas con libertad absoluta y se muestra la visión de la Iglesia, en toda su profundidad.  Hombre, siempre cuesta levantar la mano y cortarle al profesor, y decirle que eso no es así, que tú no piensas eso… pero cuanto más lo haces, menos te cuesta.

Aunque estoy en un colegio católico, surgen ocasiones continuamente,  sobre todo con los profesores… incluso  con el profesor de religión. Por ejemplo, éste nos decía que la anticoncepción era “necesaria”, que la postura de la Iglesia está fuera de la realidad… que una paternidad responsable no es compatible con estar abiertos a la vida. 

También nos decía que en una familia numerosa no se puede educar bien a los hijos, porque no se les puede dar todo lo que necesitan…  Yo le argumentaba que eso es absurdo, ¡claro que puedes atender bien a los hijos que Dios te da!(esto lo he visto en mi parroquia, donde hay muchas familias numerosas y los hijos están bien cuidados, bien atendidos, también en los estudios;  el hecho de tener muchos hijos, no implica que estos no puedan sacar buenas notas. Habrá de todo, eso dependerá de cada familia, y de cada persona en particular).

-¿Y cuál es la postura de los profesores, cuando les llevas la contraria en estos temas morales?

-Hay quienes se salen por la tangente y a partir de ese momento, defienden su opinión de una manera menos radical, también los hay que siguen en sus trece e intentan hacerme ver que lo que yo digo no es cierto…

-Y tus compañeros,  cuando les replicas, ¿qué dicen?

-Mis compañeros  me dicen “anda, deja de decir tonterías, que eres un fanático y un intolerante”. Hacen oídos sordos a lo que les digo, pese a haberme tomado la molestia de argumentarlo debidamente. Critican la doctrina de la Iglesia o defienden el aborto, por ejemplo,  basándose en casos límite (“si una chica ha sido violada o está mal económicamente, entonces, es normal que aborte”); ellos acaban siempre la conversación con el argumento relativista: “bueno, que cada uno haga lo que quiera con su vida”.

-¿De qué hablas con tus compañeros?

-De anticoncepción, de aborto, de sexualidad… también de la Historia de la Iglesia (de la Inquisión, de Galileo…). También pasa que muchas veces los profesores hablan de lo que no saben. Un profesor de Quimica  nos dijo que la iglesia quemó a Miguel Servet (el que estudió la circulación de la sangre), sin embargo fueron los calvinistas quienes lo hicieron. Este profesor ridicullzó a la Iglesia en medio de la clase, como si ésta fuera un grupo de fanáticos intolerantes que odia la razón y el conocimiento.

-Tú has tenido la experiencia hace un par de años, de salir por las calles en la Misión Joven, hablando con la gente, contándoles tu experiencia… ¿qué te aportó todo esto?

Esta experiencia también ayuda a quitarse el miedo de encima y a decir lo que piensas y en quién crees. En esa ocasión estuvimos en el intercambiador de Moncloa, y en la plaza de los Cubos, en Madrid. Íbamos con guitarras, cantando con un megáfono.  Sobre las doce de la noche, en hora punta de salidas nocturnas, micrófono en mano unos cuantos jóvenes dieron su  testimonio de cómo Cristo había cambiado sus vidas. A mí me sorprendió que en aquel ambiente completamente hostil  (había risas, burlas) delante de muchísima gente, fueran capaces de hacer esto. Desde un punto de vista humano, pudiera pensarse que esto es una pérdida de tiempo, pero lo cierto es que hay que hacer este tipo de  cosas, porque ahora los jóvenes no pisan las iglesias, y hay que salir a su encuentro en los ambientes donde ellos (nosotros) nos movemos.

¿Estás contento de estar en la Iglesia?

-Sí, mucho.  Si no llega a ser por mi familia y por la Iglesia, ahora mismo estaría bastante perdido; para mí sería lo más importante la apariencia, los afectos, lo que opinaran mis compañeros de mí…  o mis planes de futuro, o pondría todas mis fuerzas en conseguir mis propósitos… y me iría fatal, no sería feliz. Me estaría buscando a mí mismo continuamente, me dejaría arrastrar por el ambiente de la calle… En la Iglesia es donde soy feliz, aunque vaya contracorriente con lo que se vive en nuestra sociedad.