martes, 12 de abril de 2016

Monjitas en la Cuatro

La verdad es que el reality-show de ayer me sorprendió, para bien. Y mira que eso es difícil. De principio, que unas cuantas jovencitas decidan tener una experiencia de vida religiosa, en un convento, y que dicha experiencia vaya a ser grabada por la televisión, es, cuanto menos, novedoso. Y cuanto más, osado. La verdad es que en este reality se roza algo muy íntimo de la persona, nada menos que su vivencia personal con Dios, y ciertamente, si yo estuviera en el lugar de estas chicas lo que menos  me apetecería sería que esas primeras experiencias  a la luz de la fe fueran difundidas a los cuatro vientos. Sin embargo, ellas no lo han visto así. Bueno está.

Qué decir de las chicas... de principio, la chica del Camino Neocatecumenal, y otra, hija única de un matrimonio sudamericano, parecen las más "centradas". Vamos, que así, de entrada, parece que saben mejor a lo que van. Después tenemos a la chica que llegó al convento de la mano de su novio... sin comentarios; y a las dos hermanas, que bien intencionadas, sin embargo, parece que les falta un hervor católico. Más bien diría que  se debaten entre la new age y las filosofías orientales... una cosa extraña. Pero bueno, Dios dirá. A lo mejor quien menos se lo espera, es verdaderamente tocada por el Amor con mayúsculas. Nada hay imposible para Dios.

Por otro lado, ayer vi seriedad por parte de la productora a la hora de plantear el tema de la vocación, y me pareció interesante la forma en que las chicas explicaban su llamada, las historias personales que hay detrás de cada una de ellas... también me agradó la labor de la maestra de novicias, y la alegría que se veía en todas las monjas que por allí aparecieron. Creo que si esto sigue en esta línea, y no se tuerce, por una vez en la vida de un reality se va a sacar algo bueno.

No hay que olvidar que estos programas donde se  muestra a las personas en cualquier faceta de su vida íntima, enganchan, y si es para bien, pues se supone que habrá un auge de vocaciones, o al menos de experiencias monásticas. De todas formas, el tema es lo bastante serio como para no echar las campanas al vuelo, todo esto puede dar un giro de 180 grados, y en dos o tres semanas podemos estar llevándonos las manos a la cabeza por las barbaridades que se digan o hagan...  Habrá que esperar. Tampoco las tengo todas conmigo.

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