domingo, 29 de mayo de 2016

Niña Judith



Ha sido un día único, precioso. Me ha encantado ver tu ilusión, tu alegría, tu sonrisa. Hoy has experimentado por primera vez lo que es ser habitada por tu Dios. Una maravilla. Hoy nos has enseñado a todos los que te acompañábamos, que hay que hacerse niño de nuevo, volver a nacer, si queremos un día gozar de la presencia de nuestro Dios.

Llegaste Judith, a nuestras vidas, ligera y pequeñita. No te costó nada entrar en este nuestro mundo, en un pis pas ya estabas aquí. La octava, casi nada. Pero como si hubieses sido la primera -o el primero-, qué más da, hay amor en esta casa para todos y cada uno de vosotros. Y has sido una bendición.

Como la mujer fuerte de la Biblia, tú también has sido elegida -por pura gracia de Dios- para mostrar qué bueno es el Señor. Como Judith la hebrea, habrás de ser discreta y valiente, habrás de cortarle la cabeza a Holofernes; tendrás llegado el momento, que hacer una opción seria por tu Dios.

Ahora, recién conocido Ese que te quiere tal como eres, ese que ha dado su vida por ti, ahora, digo, saborea, desgusta las delicias del primer encuentro del amado con la amada.

Nosotros estaremos aquí, a tu lado. Te sostendremos en el combate, y un día se realizará en ti -por imperante misericordia- el Amor, un día te levantarás y bendecirás, y comprobarás en tu carne que sólo Dios basta.
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¡Alabad al Señor con tambores, elevad cantos al Señor con cítaras, 
ofrecédle los acordes de un salmo de alabanza, 
¡ensalzad e invocad su nombre! 
porque el Señor es un Dios quebrantador de guerras, 
su nombre es el Señor. 
Cantaré a mi Dios un cántico nuevo: 
Señor tú eres grande y glorioso, 
admirable en tu fuerza, invencible. 
Que te sirva toda la creación, porque tú lo mandaste y existió; 
enviaste tu aliento y la construiste, nada puede resistir a tu voz. 
Sacudirán las olas los cimientos de los montes, 
las peñas en tu presencia se derretirán como cera, 
pero tú serás propicio a tus fieles. (Cántico de Judith)