lunes, 4 de enero de 2010

Esa mirada


En navidades, he dejado aparcado el coche en la puerta de casa,
y voy al trabajo en metro. No tengo que llevar a las pequeñas al colegio,
ni a Almudena a la guardería, así que más libre que nunca,
cojo el metro todas las mañanas y le doy al tacón, que también es
una forma de mantenerte ágil.
Así, cada día me sumerjo en las entrañas de la tierra y vago
por los andenes del metro madrileño; en estas estoy cuando,
indefectiblemente, me topo
con una mirada descorazonadora,
que me rasga de arriba a abajo.
Es alucinante.
Nunca me había encontrado con una mirada así.

Es la de alguien que ya lo ha visto todo
y que está ya de vuelta de todo.
Te desnuda por dentro, y te dice,
"todo es mentira.
No te creas nada,no hay esperanza".

No, no es una persona "de carne y hueso"
(como dirían mis hijas pequeñas),
sino una publicidad de una pintura al óleo
de un autor francés (Pierre Gonnord)
que tiene una expresión rompedora,
por la desazón que produce.

La exposición se titula: "Tierra de nadie",
y el autor se centra en plasmar retazos de vida
de los más míseros de la tierra.

Paso por su lado todos los dias, y además, en el trasbordo
a pie , hay al menos tres carteles de "este tipo"
que me increpa, y al que no puedo dejar de mirar.
Es horrible. Es la desesperación fría, calculada...
es la asunción efectiva de alguien que ha decidido que no hay
futuro. Es la negrura absoluta.

Y coincide en el tiempo, que estoy leyendo un libro
(Mirar por otros.Mariola López. Edit. Sal terrae)
de una religiosa del Sagrado Corazón de Jesús,
que, aparte de que es una delicia, también habla de las miradas.

Es el contrapunto a tanta desesperanza.
La autora habla de la Vida con mayúsculas ,
de las posibilidades que hay en cada uno de
nosotros, que ni siquiera atisbamos.

Habla de beber de la fuente,
de esa fuente que no se agota nunca -Dios-, y de cómo desde ese
hontanar nuestra realidad cotidiana,
adquiere otra dimensión.

Se trataría de mirar con ojos nuevos, de recuperar
la credulidad perdida, de volver a sentirnos amados por nuestro
Padre Dios, y una vez ahí, es posible
Amar, con mayúsculas, sin miedo, la realidad del otro.

Los problemas pueden ser los mismos,
pero la actitud desde la que los afrontamos
-o acogemos-, esa, esa es la que cambia.
Y la que da la clave para ser feliz o no.

Se me ocurre que qué distinta es la vida,
según el lugar desde donde la oteemos.