miércoles, 21 de diciembre de 2011

Así vive y muere un cristiano

Hace unos días estuvimos en Sevilla, acompañando a Jesús, un hermano de comunidad que se ha quedado sin madre en cuestión de poco más de tres meses... cuando terminó el día, tras el funeral y el entierro, permanecía en mí la idea de que así (como nos lo estuvieron contando sus hijos y su marido) es como vive y como muere un cristiano/a.

¿Por qué digo esto?

Porque Manoli tenia un cáncer, en principio, de los "curables", pero una vez más, la última palabra no la tiene la medicina, sino el dueño de la vida, y Su dueño estimó que era el momento de acogerla en su Casa. Y allá que fue, no sin antes dejar tras de sí una ola de paz fuera de toda lógica. ¿Cómo es posible que padres e hijos, pese a lo duro de las circunstancias, se mantuvieran y mantengan serenos,esperanzados, y más aún, alegres? ¿Qué les dio Manoli? ¿Quién está detrás de todo esto?

Detrás de todo esto, de todos ellos, detrás, delante y por todos lados, está Cristo Jesús, el Señor. Él los está sosteniendo, y su comunidad les acompaña en este tiempo de separación física que no espiritual.

Manoli en el tiempo que estuvo luchando contra la enfermedad, les mostró algo por lo yo firmaría ahora mismo: la aceptación gozosa de la voluntad de su Padre, Dios.

Sus hijos y su marido pudieron afrontar este trance con dignidad porque previamente ella les había sabido transmitir su esperanza, que estaba en las manos de su Padre, y que a Él iba. Pudo despedirse con paz de cada uno de ellos, pudo quererlos y aconsejarles hasta el último momento, pudo vivir la muerte, igual que había vivido la vida, con los ojos puestos en Aquel que no defrauda. Por eso sus hijos hablaron así, con esa valentía tan inusitada, dando testimonio de lo que su madre les había confiado, el don de la fe.

Por eso decía la pequeña de sus hijas que estaban alegres, que parecía una locura, pero que era verdad: que a pesar del dolor estaban contentos, porque ellos sabían, con una certeza inexplicable, que existe vida tras la muerte. Y que su madre, Manoli, había muerto con una sonrisa dulce, que cuando la vio, a los pocos momentos de morir, tuvo el convencimiento firme de que su madre había experimentado ya el gozo y la alegría de estar con el Padre.

Jesús nos comentaba que cuando su madre estaba muriendo, sus conocidos se acercaban a él con precaución, temerosos ("no sabían qué decirme, cómo hablarme") y lo curioso del caso es que "tengo que ser yo quien les conforte, les consuele, les anime". (¿Cómo no va a ser así, Jesús, si tú en estos momentos tienes la fuerza del Espíritu Santo, tan necesaria para vivir este acontecimiento de muerte, desde la fe?)

Por lo demás, hubo varias cosas que me impresionaron.... se me quedó en la retina la imagen de Jesús  llevando al hombro el féretro de su madre. También me gustó el espíritu de celebración que impregnó todo el funeral (celebramos que una cristiana ha entrado en la Vida con mayúsculas), y especialmente me impactó el Credo cantado en el cementerio (Creo en Dios Padre, Creo en Dios Hijo, Creo en el Espíritu Santo (...), Creo en la resurrección de la carne, y en la vida eterna). Nunca había presenciado un Credo testimoniado con tanta fuerza, cantado mientras era enterrado el cuerpo de una persona tan querida para todos.