lunes, 22 de septiembre de 2014

Aborto Cero, YA




Ayer estuvimos en la quinta manifestación por la Vida organizada por Derecho a Vivir. Fuimos todos, excepto el segundo de mis hijos, que está en otra ciudad estudiando. Como siempre, ambiente festivo para denunciar una realidad aberrante y tremendamente injusta: la del aborto.
Como todos sabéis, 300 seres humanos son abortados cada día en España ante la pasividad de nuestra sociedad, y el beneplácito de una ley del aborto completamente injusta (por lo demás, cualquier ley que sacrifique la vida humana en favor de otras prioridades, lo es).

Mariano Rajoy se comprometió a revisar esta ley y a defender el derecho a vivir del aún no nacido, pero las palabras se las lleva el viento, y quizás por las presiones de los votos, o por "quedar bien" con todos, lo cierto es que se está dejando arrastrar por lo políticamente correcto (pero moralmente nefasto) y pretende aparcar la reforma de la ley del aborto.

Pero somos muchos los que ayer le recordamos, y se lo seguiremos recordando hasta el término de su legislatura que ese camino le llevará a la debacle. Este sinsentido le pasará cuentas. Tiene una responsabilidad muy seria como jefe del gobierno, y una responsabilidad moral enorme en un asunto del que dependen 300.000 vidas al año. No vale mirar para otro lado. NO vale hacerse el distraído. Si no tiene agallas para enfrentar este asunto, más vale que coja las maletas y se vaya a su casa.

 Cada responsabilidad que asumimos en nuestra sociedad ha de estar enfocada a buscar el bien común, del conjunto de la sociedad y de cada persona en particular, y esa defensa del bien moral es lo que nos hace PERSONA con mayúsculas. Cuando esto no está en el punto de mira de nuestro trabajo diario, la aguja de la brújula no está ajustada y conviene revisarla.

jueves, 18 de septiembre de 2014

Caminando con Él - Evangelio 19-septiembre 2014




En aquel tiempo, Jesús iba caminando de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, predicando el Evangelio del reino de Dios; lo acompañaban los Doce y algunas mujeres que él había curado de malos espíritus y enfermedades: María la Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, intendente de Herodes; Susana y otras muchas que le ayudaban con sus bienes. (Lc 8, 1-3)



Hoy, en este evangelio, se nos presenta a Jesús acompañado de los doce discípulos y de algunas mujeres. En principio, parece un evangelio un tanto insulso, sin enjundia, pero no, precisamente en lo ordinario, en lo cotidiano está el verdadero encuentro con el Dios de nuestra vida. Ahí, en esa pequeña comunidad formada por Jesús y las personas que le acompañan constantemente, con fidelidad en el corazón, ahí, es donde el Señor de la historia realizará cada milagro particular, personal, con cada uno de ellos. 

¿Qué mayor milagro que cambiar el corazón y la forma de ver la vida de aquellos que le acompañan día sí, y día también? De María la Magdalena, dice Lucas, echó siete demonios… la relación de tú a tú con el Señor hace esto: cura, sana, renueva por dentro. Y la casa quedó limpia, ordenada, según se nos dice en otro pasaje bíblico… igual que la “casa” de cada uno de nosotros, que leemos estas líneas; el Señor regala a los que le acompañan vivir una vida plena, gozosa, donde se toca, cada día, el amor que Dios tiene por sus elegidos. Ánimo, hermanos, porque aún sin proponérnoslo, hemos elegido la mejor parte, estar con Él, y eso no nos lo quitará nadie. Que paséis un buen día.                                                                                                                                Victoria Luque.

¿Cómplices de la barbarie?

Esto es una barbaridad, y hay que pararlo, YA. En el tema del aborto no valen las medias tintas, se trata de vidas humanas sacrificadas impunemente, en defensa de una supuesta libertad de la madre. Porque sí, la mujer que aborta, sea por los motivos que fuere, es madre, aunque aborte, sólo que madre de un bebé muerto. Y el progreso no está de parte de la barbarie. Nunca lo ha estado. Esto no se puede justificar, por mucho "derecho al propio cuerpo" que se alegue.
Y quien mire para otro lado es cómplice de esto. Hay otras opciones, por favor, no seamos hipócritas.
El domingo 21 hay convocadas distintas manifestaciones provida en toda España. Es el momento de salir a la calle. NO seamos cómplices de esta barbarie.


martes, 9 de septiembre de 2014

QUÉ DIFICIL Y QUÉ HERMOSO




Hay una verdad que no sabía, pero que poco a poco se va haciendo carne en mí, y es que ser madre –o padre- es “para toda la vida”. Cuando mi marido y yo nos embarcamos en esta aventura de acoger y amar a los hijos que el Señor nos diera, la cosa no parecía tan complicada; al menos, para mí –desde mi inocencia- parecía sencillo: hacer Su voluntad, estar abiertos a la vida, amar y ser amados. Guay. Ahora, con unos cuantos hijos a mitad de camino entre la adolescencia y la juventud, el panorama se complica bastante. Llevamos dos años “regulares” en los que hemos tocado, José Manuel y yo, realmente, nuestro pecado, nuestra debilidad… nuestra poca cosa. De padres “guays” nada de nada, hemos tenido experiencias muy duras de las que gracias a la oración de muchas personas, y a la acción real de Cristo, que está vivo y resucitado, empezamos a ver la luz.

“Si quieres seguir a Cristo, prepárate para la prueba”, se dice en la Liturgia de las Horas. Sí. Hemos sido probados al crisol y lo único cierto es que Él es el que sostiene y fortalece en la tribulación. También sé, porque el maligno me lo ha dejado patente muchas veces, que lo que éste enemigo real persigue de cada cristiano es robarle la esperanza. Sin esperanza, la batalla está ganada. Por eso ahora, si alguien se encuentra tentado, a punto de tirar la toalla, en este momento le digo: Ánimo, ten fe, no desesperes. Espera en Dios que volverás a alabarlo. El Señor es el único que tiene poder para sanar los corazones, para devolver la esperanza, para inundarte con su paz.

Pero lo que quisiera resaltar en este post es la enorme oportunidad que tenemos los padres de mostrar a los hijos el amor sin medida que Jesucristo les tiene (ha dado la vida por cada uno de ellos, ¿quién da más?). Lo que pasa, lo que a mí me pasa, es que muchas veces yo, con mi comportamiento egoísta, desconsiderado, etc. no muestro nada, sólo mi pobreza. Pero ellos buscan, y buscan, no son tontos, buscan la verdad, la entrega, el amor con mayúsculas, quieren enraizar su vida en grandes ideales, y depende de nosotros, de ti y de mí, que encuentren el camino, que no seamos un estorbo. 

Esta mañana, sin ir más lejos, uno de mis hijos (19 años) que está en otra ciudad estudiando la carrera, me decía en un wasap… “sí, mucho hablar de Dios, pero tengo un 80% de probabilidades de que mi novia me deje, seguramente no aprobaré la asignatura que me he estado preparando en verano, no me darán la beca, y tendré que volver a Madrid y yo no quiero esto”. Ahí queda eso. Pero al rato, me llamaba al móvil, porque empecé a hablar con él sobre el sentido de su vida, sobre hacer la voluntad de Dios, sobre cómo discernir qué hacer con tu vida, etc… y en un momento dado, tuve que dejarlo para ir al colegio a recoger a las pequeñas. Y él estaba necesitado. Necesitaba seguir la conversación. Y me llamó dos veces al móvil… quiero decir con esto que como padres y madres podemos, y debemos, dar esperanza a los hijos, mostrarles la belleza de la fe, que el Señor está ahí, que no es una patraña, que les quiere, que no les deja solos. Y rezar por ellos. Mucho. Constantemente. A veces urge más -y seguramente es más efectivo- hablar de nuestros hijos a Dios, que de Dios a nuestros hijos. Por si a alguien le sirve, a mí me reconforta mucho, en el momento de oración, después de la eucaristía, presentar a cada uno de mis hijos ante el Señor, y ahí, en su presencia, pedir para ellos su bendición. También María, en esto, tiene mucha tarea. Quien va a llegar a donde nosotras, madres, no podemos, sino Ella... ahí, en las manos de María, en el hueco de su manto.


Me estoy acordando ahora de una de mis pequeñas, que con seis años, me dice que ella tiene una capa invisible que la protege de todos los peligros, la de María. Casi nada. Esta hija es la que en los momentos de tribulación, dibuja en mí una sonrisa. Hace un rato ha venido aquí, a mi lado, junto al ordenador, para decirme: “mamá, ¿sabes que te quiero mucho?”. Es verdad que las flechas del guerrero son los hijos de la juventud, esos que te defienden del enemigo. Los que defienden tu fe.

lunes, 1 de septiembre de 2014

La santa de Cracovia

El 28 de abril de 2014, fueron declarados Santos por la Iglesia, dos Papas de gran calado popular: Juan XXIII y Juan Pablo II. La canonización de ambos santos tuvo lugar el día de la Divina Misericordia, instaurado, precisamente por el Papa Juan Pablo II, quien conoció la experiencia de esta mística de origen polaco, Faustina Kowalska, y quiso dedicar un día a la exaltación de la Misericordia de Jesús. 

De origen polaco, nacida en Cracovia en 1905, sor Faustina fue bautizada con el nombre de Elena. De familia campesina, la tercera de diez hermanos,  a la edad de 16 años comenzó a trabajar fuera de casa para ayudar económicamente a su familia. Sólo pudo asistir al colegio durante tres años; pero, como es sabido, el Señor no se rige por criterios de éxito, poder o dinero… y así, escogió esta “poca cosa”, esteespíritu sencillo para que quedase de manifiesto la magnitud de su obra. 

Ya de niña, Elena Kowalska dejaba entrever una gran sensibilidad ante cualquier pobreza material o espiritual; le gustaba orar, y a los siete años sintió el deseo de ser religiosa, pero se topó con la oposición de sus padres. Elena intentó sofocar esta llamada interior pero no pudo, y relatan las crónicas que estando en un baile experimentó la visión de Cristo sufriente… tan impactante fue la experiencia que el 1 de agosto de 1925 ingresó en la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia. Tenía 20 años. 

Allí, en el convento, transcurrieron 13 años en los que realizó labores de cocinera, jardinera y portera. Aunque exteriormente nada delataba su fecunda vida interior, sin embargo, en Sor Faustina se iba construyendo una singular relación con su Padre Dios. Exteriormente era notable con qué amor atendía a los niños y a las personas harapientas que, frecuentemente, acudían a la portería del convento pidiendo algo de comer.  En todos ellos veía a Jesús sufriente. Por lo demás, cumplía con presteza sus deberes cotidianos, observaba las reglas del convento, se mostraba tranquila, callada, humilde. 

En la meditación de la Palabra de Dios sor Faustina contemplaba a diario el misterio de la Divina Misericordia; amaba profundamente la Eucaristía y a María, la Madre de Jesús. Kowalska recibió en su persona gracias extraordinarias: revelaciones, visiones, estigmas ocultos, la participación en la Pasión del Señor, el don de bilocación, los dones de leer en las almas, profecía y  desposorios místicos.  Se sintió profundamente amada por Dios; tuvo una relación estrecha con María, con los ángeles, santos y almas del purgatorio, todo un mundo extraordinario que para ella no era menos real que el mundo sensible. Pese a ello, Faustina era consciente y lo sabía fehacientemente, de que no son estos dones los que determinan la santidad. Ella buscaba, sobre todo, hacer la voluntad de Dios. En su Diario escribe: “Ni gracias, ni revelaciones, ni éxtasis ni ningún otro don concedido al alma la  hace perfecta sino la comunión interior de mi alma con Dios. Estos dones son solamente un adorno del alma, pero no constituyen ni la sustancia ni la perfección. Mi santidad y perfección consisten en una estrecha unión de mi voluntad con la voluntad de Dios”. En obediencia a su director espiritual, sor Faustina escribió todo aquello que Jesús le manifestó en estos encuentros místicos. Su diario ha sido traducido a muchos idiomas y la obra acerca de modo extraordinario el misterio de la misericordia de Dios por la humanidad doliente. 

-Oh Jesús mío —escribió— cada uno de tus santos refleja en sí una de tus virtudes, yo deseo reflejar tu Corazón compasivo y lleno de misericordia, deseo glorificarlo. Que tu misericordia, oh Jesús, quede impresa sobre mi corazón y mi alma como un sello y éste será mi signo distintivo en esta vida y en la otra. (Diario 1242). —Le dijo el Señor Jesús —: tu misión es la de escribir todo lo que te hago conocer sobre mi misericordia para el provecho de aquellos que leyendo estos escritos, encontrarán en sus almas consuelo y adquirirán valor para acercarse a mí (Diario 1693). Le dijo —: Enviaba a los profetas con truenos a mi pueblo. Hoy te envío a ti a toda la humanidad con mi misericordia. No quiero castigar a la humanidad doliente, sino que deseo sanarla, abrazarla con mi Corazón misericordioso (Diario 1588). 

La lectura del Diario de sor Faustina Kowalska muestra, entre otras cosas, la profunda y estrecha relación que existía entre la santa y la Virgen María. He aquí algunos puntos del Diario que evidencian esta relación: 

449: (...) Sé valiente, no tengas miedo de los obstáculos engañosos, sino que contempla atentamente la Pasión de mi Hijo y de este modo vencerás. 

785 La Santísima Virgen me ha enseñado cómo debo prepararme para la fiesta de la Natividad del Señor.  La he visto hoy sin el Niño Jesús; me ha dicho: “Hija mía, procura ser mansa y humilde para que Jesús que vive continuamente en tu corazón pueda descansar.  Adóralo en tu corazón, no salgas de tu interior.  Te obtendré, hija mía, la gracia de este tipo de la vida interior, que, sin abandonar tu interior, cumplas por fuera todos tus deberes con mayor aplicación.  Permanece continuamente con Él en tu corazón, Él será tu fuerza.  Mantén el contacto con las criaturas si la necesidad y los deberes lo exigen.  Eres una morada agradable a Dios viviente, en la que Él permanece continuamente con amor y complacencia, y la presencia viva de Dios que sientes de modo más vivo y evidente, te confirmará, hija mía, en lo que he dicho.  Trata de comportarte así hasta el día de la Navidad, y después Él Mismo te dará a conocer como deberás tratar con Él y unirte a Él. 

844  Sor C. (Sor Cayetana) vino por la tarde y me llevó a casa para las fiestas.  Estaba contenta de poder estar junto con la Comunidad.  Mientras atravesaba la ciudad me imaginaba que era Belén.  Al ver que toda la gente iba con prisa pensé: -Quién medita hoy este Misterio inconcebible en el recogimiento y en silencio?  Oh Virgen purísima, Tú estás hoy de viaje y yo también estoy de viaje.  Siento que el viaje de hoy tiene su significado.  Oh Virgen radiante, pura como el cristal, toda sumergida en Dios, Te ofrezco mi vida interior, arregla todo de manera que sea agradable a Tu Hijo; oh Madre mía, yo deseo con muchísimo ardor que me des al pequeño Jesús durante la Misa de Medianoche. 

845 (...)  Después de la cena me sentía muy cansada y doliente, tuve que acostarme, no obstante velaba con la Santísima Virgen en espera de la venida del Niñito. 

846  25 de diciembre de 1936.  Misa de Medianoche.  Durante la Santa Misa la presencia de Dios me penetró por completo.  Un momento antes de la elevación vi a la Madre y al pequeño Niño Jesús, y al viejo Abuelo (San José).  La Santísima Virgen me dijo estas palabras: “Hija mía, Faustina, toma este tesoro preciosísimo”, y me dio al pequeño Jesús. 

En diversas partes de su Diario, sor Faustina aborda el tema de la Eucaristía. En la comunión diaria encontró fortaleza, inspiración y conocimiento de los bienes del cielo, así como una “fuerza transformadora” que la conduciría a la santidad.  Oigamos sus propias palabras: “Todo lo bueno que hay en mí es gracias a la santa Comunión, le debo todo”, asimismo declararía la santa Comunión como “el momento más solemne de mi vida”. Resulta conmovedor apreciar la tremenda humildad de la santa ante la Eucaristía: 

“Hoy mi alma se prepara para la santa Comunión como para un banquete de bodas en que todos los participantes lucen una belleza inexpresable.  Y yo también estoy invitada a este banquete, pero no veo en mí esta belleza, sino un abismo de miseria.  Y aunque no me siento digna de sentarme a la mesa, sin embargo me deslizaré por debajo de la mesa, y a los pies de Jesús mendigaré al menos las migas que caigan debajo de la mesa.  Conociendo Tu misericordia me acerco a Ti, Jesús, porque antes faltará mi miseria que se agote la piedad de Tu Corazón”. 

1392 Todo lo bueno que hay en mí es gracias a la Santa Comunión, le debo todo.  Siento que este sagrado fuego me ha transformado totalmente.  Oh, cuánto me alegro de ser Tu morada, oh Señor; mi corazón es un templo en que permaneces continuamente... 

Resulta asimismo de extrema importancia el anuncio de Jesús: “Quiero decirte, sin embargo, que la vida eterna debe iniciarse ya aquí en la tierra a través de la Santa Comunión.  Cada Santa Comunión te hace más capaz para la comunión con Dios por toda la eternidad”.

Sor María Faustina murió extenuada físicamente por la tuberculosis, ofreciendo sus sufrimientos por los hombres, en Cracovia el 5 de octubre de 1938, con apenas 33 años. Su fama de santidad fue creciendo y la devoción a la Divina Misericordia también, fueron y son muchas las gracias alcanzadas por su intercesión. Sus reliquias se encuentran en el santuario de la Divina Misericordia de Cracovia-Lagiewniki. Juan Pablo II la canonizó el 30 de abril de 2000. Su fiesta se celebra el 5 de octubre.