lunes, 1 de septiembre de 2014

La santa de Cracovia

El 28 de abril de 2014, fueron declarados Santos por la Iglesia, dos Papas de gran calado popular: Juan XXIII y Juan Pablo II. La canonización de ambos santos tuvo lugar el día de la Divina Misericordia, instaurado, precisamente por el Papa Juan Pablo II, quien conoció la experiencia de esta mística de origen polaco, Faustina Kowalska, y quiso dedicar un día a la exaltación de la Misericordia de Jesús. 

De origen polaco, nacida en Cracovia en 1905, sor Faustina fue bautizada con el nombre de Elena. De familia campesina, la tercera de diez hermanos,  a la edad de 16 años comenzó a trabajar fuera de casa para ayudar económicamente a su familia. Sólo pudo asistir al colegio durante tres años; pero, como es sabido, el Señor no se rige por criterios de éxito, poder o dinero… y así, escogió esta “poca cosa”, esteespíritu sencillo para que quedase de manifiesto la magnitud de su obra. 

Ya de niña, Elena Kowalska dejaba entrever una gran sensibilidad ante cualquier pobreza material o espiritual; le gustaba orar, y a los siete años sintió el deseo de ser religiosa, pero se topó con la oposición de sus padres. Elena intentó sofocar esta llamada interior pero no pudo, y relatan las crónicas que estando en un baile experimentó la visión de Cristo sufriente… tan impactante fue la experiencia que el 1 de agosto de 1925 ingresó en la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia. Tenía 20 años. 

Allí, en el convento, transcurrieron 13 años en los que realizó labores de cocinera, jardinera y portera. Aunque exteriormente nada delataba su fecunda vida interior, sin embargo, en Sor Faustina se iba construyendo una singular relación con su Padre Dios. Exteriormente era notable con qué amor atendía a los niños y a las personas harapientas que, frecuentemente, acudían a la portería del convento pidiendo algo de comer.  En todos ellos veía a Jesús sufriente. Por lo demás, cumplía con presteza sus deberes cotidianos, observaba las reglas del convento, se mostraba tranquila, callada, humilde. 

En la meditación de la Palabra de Dios sor Faustina contemplaba a diario el misterio de la Divina Misericordia; amaba profundamente la Eucaristía y a María, la Madre de Jesús. Kowalska recibió en su persona gracias extraordinarias: revelaciones, visiones, estigmas ocultos, la participación en la Pasión del Señor, el don de bilocación, los dones de leer en las almas, profecía y  desposorios místicos.  Se sintió profundamente amada por Dios; tuvo una relación estrecha con María, con los ángeles, santos y almas del purgatorio, todo un mundo extraordinario que para ella no era menos real que el mundo sensible. Pese a ello, Faustina era consciente y lo sabía fehacientemente, de que no son estos dones los que determinan la santidad. Ella buscaba, sobre todo, hacer la voluntad de Dios. En su Diario escribe: “Ni gracias, ni revelaciones, ni éxtasis ni ningún otro don concedido al alma la  hace perfecta sino la comunión interior de mi alma con Dios. Estos dones son solamente un adorno del alma, pero no constituyen ni la sustancia ni la perfección. Mi santidad y perfección consisten en una estrecha unión de mi voluntad con la voluntad de Dios”. En obediencia a su director espiritual, sor Faustina escribió todo aquello que Jesús le manifestó en estos encuentros místicos. Su diario ha sido traducido a muchos idiomas y la obra acerca de modo extraordinario el misterio de la misericordia de Dios por la humanidad doliente. 

-Oh Jesús mío —escribió— cada uno de tus santos refleja en sí una de tus virtudes, yo deseo reflejar tu Corazón compasivo y lleno de misericordia, deseo glorificarlo. Que tu misericordia, oh Jesús, quede impresa sobre mi corazón y mi alma como un sello y éste será mi signo distintivo en esta vida y en la otra. (Diario 1242). —Le dijo el Señor Jesús —: tu misión es la de escribir todo lo que te hago conocer sobre mi misericordia para el provecho de aquellos que leyendo estos escritos, encontrarán en sus almas consuelo y adquirirán valor para acercarse a mí (Diario 1693). Le dijo —: Enviaba a los profetas con truenos a mi pueblo. Hoy te envío a ti a toda la humanidad con mi misericordia. No quiero castigar a la humanidad doliente, sino que deseo sanarla, abrazarla con mi Corazón misericordioso (Diario 1588). 

La lectura del Diario de sor Faustina Kowalska muestra, entre otras cosas, la profunda y estrecha relación que existía entre la santa y la Virgen María. He aquí algunos puntos del Diario que evidencian esta relación: 

449: (...) Sé valiente, no tengas miedo de los obstáculos engañosos, sino que contempla atentamente la Pasión de mi Hijo y de este modo vencerás. 

785 La Santísima Virgen me ha enseñado cómo debo prepararme para la fiesta de la Natividad del Señor.  La he visto hoy sin el Niño Jesús; me ha dicho: “Hija mía, procura ser mansa y humilde para que Jesús que vive continuamente en tu corazón pueda descansar.  Adóralo en tu corazón, no salgas de tu interior.  Te obtendré, hija mía, la gracia de este tipo de la vida interior, que, sin abandonar tu interior, cumplas por fuera todos tus deberes con mayor aplicación.  Permanece continuamente con Él en tu corazón, Él será tu fuerza.  Mantén el contacto con las criaturas si la necesidad y los deberes lo exigen.  Eres una morada agradable a Dios viviente, en la que Él permanece continuamente con amor y complacencia, y la presencia viva de Dios que sientes de modo más vivo y evidente, te confirmará, hija mía, en lo que he dicho.  Trata de comportarte así hasta el día de la Navidad, y después Él Mismo te dará a conocer como deberás tratar con Él y unirte a Él. 

844  Sor C. (Sor Cayetana) vino por la tarde y me llevó a casa para las fiestas.  Estaba contenta de poder estar junto con la Comunidad.  Mientras atravesaba la ciudad me imaginaba que era Belén.  Al ver que toda la gente iba con prisa pensé: -Quién medita hoy este Misterio inconcebible en el recogimiento y en silencio?  Oh Virgen purísima, Tú estás hoy de viaje y yo también estoy de viaje.  Siento que el viaje de hoy tiene su significado.  Oh Virgen radiante, pura como el cristal, toda sumergida en Dios, Te ofrezco mi vida interior, arregla todo de manera que sea agradable a Tu Hijo; oh Madre mía, yo deseo con muchísimo ardor que me des al pequeño Jesús durante la Misa de Medianoche. 

845 (...)  Después de la cena me sentía muy cansada y doliente, tuve que acostarme, no obstante velaba con la Santísima Virgen en espera de la venida del Niñito. 

846  25 de diciembre de 1936.  Misa de Medianoche.  Durante la Santa Misa la presencia de Dios me penetró por completo.  Un momento antes de la elevación vi a la Madre y al pequeño Niño Jesús, y al viejo Abuelo (San José).  La Santísima Virgen me dijo estas palabras: “Hija mía, Faustina, toma este tesoro preciosísimo”, y me dio al pequeño Jesús. 

En diversas partes de su Diario, sor Faustina aborda el tema de la Eucaristía. En la comunión diaria encontró fortaleza, inspiración y conocimiento de los bienes del cielo, así como una “fuerza transformadora” que la conduciría a la santidad.  Oigamos sus propias palabras: “Todo lo bueno que hay en mí es gracias a la santa Comunión, le debo todo”, asimismo declararía la santa Comunión como “el momento más solemne de mi vida”. Resulta conmovedor apreciar la tremenda humildad de la santa ante la Eucaristía: 

“Hoy mi alma se prepara para la santa Comunión como para un banquete de bodas en que todos los participantes lucen una belleza inexpresable.  Y yo también estoy invitada a este banquete, pero no veo en mí esta belleza, sino un abismo de miseria.  Y aunque no me siento digna de sentarme a la mesa, sin embargo me deslizaré por debajo de la mesa, y a los pies de Jesús mendigaré al menos las migas que caigan debajo de la mesa.  Conociendo Tu misericordia me acerco a Ti, Jesús, porque antes faltará mi miseria que se agote la piedad de Tu Corazón”. 

1392 Todo lo bueno que hay en mí es gracias a la Santa Comunión, le debo todo.  Siento que este sagrado fuego me ha transformado totalmente.  Oh, cuánto me alegro de ser Tu morada, oh Señor; mi corazón es un templo en que permaneces continuamente... 

Resulta asimismo de extrema importancia el anuncio de Jesús: “Quiero decirte, sin embargo, que la vida eterna debe iniciarse ya aquí en la tierra a través de la Santa Comunión.  Cada Santa Comunión te hace más capaz para la comunión con Dios por toda la eternidad”.

Sor María Faustina murió extenuada físicamente por la tuberculosis, ofreciendo sus sufrimientos por los hombres, en Cracovia el 5 de octubre de 1938, con apenas 33 años. Su fama de santidad fue creciendo y la devoción a la Divina Misericordia también, fueron y son muchas las gracias alcanzadas por su intercesión. Sus reliquias se encuentran en el santuario de la Divina Misericordia de Cracovia-Lagiewniki. Juan Pablo II la canonizó el 30 de abril de 2000. Su fiesta se celebra el 5 de octubre.