lunes, 2 de febrero de 2015

La conversión de Tamara Falcó: "Tuve un experiencia de Dios impresionante"


Llegó sencilla, discreta, alegre, encantadora. Su intervención duró algo más de diez minutos, después vendrían las preguntas de los participantes en el evento, y las respuestas de esta joven recientemente conversa al catolicismo, hija de Isabel  Preysler y de Carlos Falcó. Con 33 años cumplidos (-“la edad de Cristo”, dice-), y una profundidad en la fe sorprendente, podría decirse que Tamara llegó, habló y venció.

Victoria Luque

El encuentro fue en el salón de Actos de la Universidad San Pablo CEU - Montepríncipe. Ya en la puerta del aula se percibía una cierta expectación, varios corrillos de estudiantes, también de profesores, esperaban la llegada de Tamara Falcó. Sería el capellán, Francisco Lerdo de Tejada, el encargado de presentar a esta mujer, cuanto menos, singular. En un abrir y cerrar de ojos, Tamara comienza a desvelar con voz ágil los vericuetos de una historia personal en la que no falta la herida, y la curación...: “Provengo de una familia de padres separados, de hecho, mis padres ya estaban separados cuando me concibieron, a los tres años de tenerme a mí se volvieron separar y rehicieron sus vidas con otras personas. Yo nunca me he sentido identificada con la típica familia católica, porque aunque mis padres provienen de familias muy católicas, ellos no siguieron este camino; sí me bautizaron, y por tradición hice la primera comunión, pero ahí quedó todo. Mi padrastro (Miguel Boyer) era ateo, él había crecido creyendo que la religión era una superstición, en mi casa se valoraba mucho la ciencia, los logros del hombre eran el centro de todo. Veíamos como algo folclórico la Semana Santa, y este tiempo recuerdo que lo pasábamos siempre fuera de España... por aquel entonces no entendía lo que era la cruz, la prueba, etc.

Sin embargo, en mi familia sí teníamos una base moral: no debíamos hacer el mal. Mi tío Miguel anduvo en política, fue ministro, y sin embargo tenía unas reglas morales muy estrictas, quería construir una sociedad mejor, nunca persiguió el dinero. Me acuerdo de una discusión acerca de la existencia de Dios, yo le decía, a ver tío Miguel, si la ciencia se basa en que todo ha de ser probado, ¿cómo pruebas tú que Dios no existe? Tu teoría se cae sola... y él me respondía: “vale, si Dios existe, no estoy de acuerdo con él”. ¡Ah, bueno, pero eso es otra cosa! pensaba yo. También recuerdo otra discusión acerca del alma, mi madre sostenía que sí existía el alma, y mi tío Miguel opinaba lo contrario, decía que nos comían los bichos y ahí se acababa todo.

De todas formas, en ese momento de mi historia personal, estos temas me importaban poco. Yo seguía mi vida, con instintos, como un animal, y después sentía lo que se llama vacío óntico. Es decir, una vez que conseguía lo que quería, lo que pensaba que me iba a dar la felicidad, entonces, de repente, sentía un vacío tremendo. Me  proponía unas metas, y cuando las conseguía experimentaba una insatisfacción tremenda. Era tremendamente infeliz. Y todavía la frustración crecía aún más cuando  mi madre me decía: pero, ¿por qué eres infeliz, si lo tienes todo?. Yo contestaba: “no lo sé, pero no soy feliz”. Ella había luchado muchísimo por conseguir cosas que a mí se me habían dado desde niña: un estatus social, dinero... ella había luchado por ello y yo no. Y eso por lo que había luchado a mí no me estaba haciendo feliz, lo cual era muy frustrante”.

-Y continúa Tamara desbrozando el terreno en el que surge su encuentro personal con el Señor de la historia- : “En este proceso, mi padre se separa por tercera vez, y tras decírmelo, me pide que le acompañe dos semanas al campo. Así que busqué un libro para leer en ese tiempo de verano. Entré en la Casa del Libro y vi una Biblia blanca y azul -esto lo he contado muchas veces- con una luz iluminándola, con una palmera dibujada- mi nombre significa “Palmera”- y un letrero que decía: “Biblia didáctica”. Letra grande, papel grueso, pensé: “me la compro”. Y en casa comienzo a leer la Biblia por la primera página -entre risas, explica- porque es un libro, y los libros se leen por el principio. El Génesis... ah, qué bonito... yo aún tenía mis dudas, yo venía de Darwin... pero seguí leyendo. Llegué al campo, y seguía leyendo, seguía leyendo... llegué a la parte de los Diez Mandamientos, y de repente me di cuenta: Si esto se hubiera seguido en mi familia, yo no habría hecho daño a nadie, y nadie me habría hecho daño a mí, porque lo que hasta entonces me había herido más era la división de mi familia. Porque la familia es lo que más te marca, es el núcleo de tu vida. Tanto me sorprendió que pensé... de qué va este libro?  Y seguí leyendo... cuando ya llevaba varias horas encerrada en la habitación, vino mi padre a ver si me ocurría algo... y entonces le enseñé mi libro. Se empezó a reír y me dijo: “Yo no he sido muy religioso, pero tu abuela sí. Y estoy encantado de que leas la Biblia”. A mí esto me alentó porque hasta entonces yo había considerado la Biblia un libro prohibido. Ese verano, cuando llegué a la casa de mi otra familia, la cosa cambió... llegué con el rosario, la Biblia, etc. y se preocuparon bastante aunque luego pensaron que sería una moda, algo pasajero... a partir entonces asistí a un retiro de los carismáticos que para mí fue como un máster en catolicismo, ahí me explicaron la diferencia entre el bien y el mal, comprendí la importancia del perdón, supe de la existencia del diablo... Y me entraron ganas de confesarme, de ir a misa, etc.; al año siguiente, me confirmé”.

Tras esta intervención, se abre el turno de preguntas...
¿El sufrimiento aleja de Dios o puede ser una palanca para acercarme a Él? Tamara responde: “El Padre Pío dice: “sufrir es de todos, pero saber sufrir es de muy pocos”. Si pensamos que el de al lado no sufre, es mentira. Aquí sufrir, sufrimos todos. Y saber sufrir es lo complicado, porque hay gente que se rebela y rechaza el sufrimiento, otros, en cambio, ven en el sufrimiento la cruz de Jesús, y sufren con paciencia. Evidentemente, sufrir duele y es incómodo, y es normal sentirte abatido y abandonado, o miserable en esos momentos; pero también es verdad que creces espiritualmente. Hay en You Tube un vídeo del padre Verlinde, donde habla de su experiencia con el yoga. El yoga te quita el sufrimiento, y eso es súper atrayente, porque ¿quién quiere sufrir?. ¡Una vida sin sufrimiento es la caña! Muchos consumen drogas, alcohol, etc, para evitar el sufrimiento... pero la cuestión es que con el yoga evitas el sufrimiento pero no puedes sentir amor. Y de eso se dio cuenta el p. Verlinde. El yoga propone el estado del nirvana, sin sentimientos; Jesús, en cambio propone una vida en la que sufres, pero también llena de amor.


¿En qué momento concreto has experimentado de una forma más fuerte el amor de Dios? pregunta un joven. Tamara contesta: “Un año más tarde del episodio de la separación de mi padre, volví yo sola otra vez al campo, con mi Biblia, a rezar, y ahí tuve una experiencia de Dios impresionante. No sé si llegó a quince minutos, no sé muy bien lo que fue, pero debió ser algo parecido a una efusión del Espíritu, debió ser algo parecido a lo que es el cielo... no necesitaba comer, ni beber, experimenté la felicidad completa. Y eso es lo que me empuja a seguir, fue perfecto. Perfecto”.

Tras desvelar su experiencia más íntima, un silencio ensordecedor recorre la sala. Una mano se levanta, y una mujer de mediana edad, después de agradecerle su valentía por lo que acaba de compartir, le inquiere por la necesidad de vivir la fe en comunión, “nadie puede vivir aislado la fe”, dice. Tamara asiente con la cabeza, y explica: “A mí mi ángel de la guarda me ha ido conduciendo en cada momento de este proceso de conversión... he encontrado gente muy buena y todos han sido instrumento de Él. Cuando necesité las catequesis me encontré con los del Camino, después cambié de domicilio y de parroquia, y otras personas me ayudaron; todo va surgiendo con naturalidad. Mi madrina de confirmación, por ejemplo, se ha convertido para mí en un apoyo vital y la conocí en unos Ejercicios espirituales... los Ejercicios son un buen plan para hacer con amigos, porque unen muchísimo a las personas que los hacen. Vas en plan sano, y hay momentos muy emotivos, conoces a personas muy interesantes, y acabas teniendo un montón de amigos, amigos de fe, que son, en realidad, los verdaderos amigos. A mí me gustan mucho los de los carismáticos, porque están llenos de música, también los ignacianos, en silencio... todos consiguen su objetivo, la renovación interior de la persona. Por otro lado, es cierto que todos somos atraídos hacia el bien, eso es verdad... el otro día, en el programa Viajando con Chester entrevistaban a Melendi. Y él hablaba de que en un momento determinado se dejó llevar por las drogas, y vio más tarde que ahí no hay verdad. Pero todos los que estáis aquí tenéis la oportunidad de conocer a Jesús, que es la Verdad, la única verdad. Hay gente que tiene fe y no habla por miedo, eso es como ser millonario y no compartirlo”.

La presencia de Dios en nuestro interior nos da condición de millonarios, y no nos enteramos. Ante esta realidad, una profesora cuestiona qué hacer ante la cantidad ingente de universitarios que pasan por las aulas sin ser conscientes de que portan un tesoro, una verdad dentro de sí... La respuesta de Tamara no se hace esperar: “Rezar por ellos. Yo estoy segura de que hoy estoy aquí porque mi abuela rezó muchísimo por mí. Esto es como una carrera de relevos, si rezas, de repente ves que uno se acerca al capellán, y que ese lleva a otro a misa... la oración da pie a una cadena de conversiones”.


A continuación le preguntan por Medjugorje, un pueblo de la antigua Yugoslavia... “cuando empezó mi conversión oí hablar de Medjugorje casi de inmediato, y al buscarlo en Google encontré el testimonio de María Vallejo Nájera. Me chocó muchísimo porque no conocía su historia. Me propuse ir, y después de muchos avatares, lo conseguí. Yo no vi a la Virgen María ni olí a rosas, pero subí descalza al Podbrdo y al Križevac y me impactó muchísimo la experiencia del cenáculo. Podría decirse que los frutos los vi después, a la vuelta de la peregrinación, porque ¡no podía parar de rezar! ¡llevaba 18 horas rezando!. La Iglesia no se ha pronunciado aún sobre lo que ocurre en Medjugorje pero conozco a mucha gente que le ha tocado el corazón. Hace poco un amigo mío se convirtió el último día del viaje, mirando la corona de espinas. De repente algo pasó, Jesús cambió su corazón, y ha vuelto exultante. Estas cosas pasan en Medjugorje con muchísima frecuencia.

¿Y qué es lo que hace a Tamara feliz?. “Saberme hija de Dios me llena de felicidad-dice-;  disfruto más de todo. Hubo un momento en que me di cuenta de que me fustigaba muchísimo si no rezaba todo lo que creía que tenía que rezar..., pues no. He tenido que ir aprendiendo a ordenar estas cosas, ahora soy más paciente conmigo misma, hay veces que también descubro a Dios en un atardecer, en la naturaleza, en la gente. Me encanta cómo Dios me habla a través de la gente, cómo cada persona es punto de luz... antes no veía esto. Evidentemente necesito de la oración porque es fundamental, pero Dios te habla de muchísimas formas distintas. Es sorprendente cuando gente que está súper alejada de la Iglesia me dice: “me encantaría conocer a alguien que me explicara más sobre Dios”. Me sorprende cómo Él llega a las personas más diversas, Él se encarga de tocar los corazones, y esto también es bonito. Ahí también está Dios. ¡Es que Él es Amor!”.

Y sobre la repercusión que ha tenido su encuentro con Cristo Jesús entre sus conocidos, Tamara explica: “Por una parte he encontrado una familia en la Iglesia, y por otra, entre mis conocidos hay quienes no comparten mi postura, pero lo considero normal. Si alguien me llega a decir hace cinco años que yo me convertiría al catolicismo, tampoco lo hubiera entendido. Creo que acercarse al Señor es un acto de voluntad, va sucediendo poco a poco y Él va actuando. Cuando no estás cerca del Señor te cansa todo, vas tirando de la vida, nada te llena...; pero al menos con la persona que siente ese vacío interior es posible dialogar, en cambio, con el que vive enviciado y no se da cuenta de ello, ¿cómo ayudarle? Honestamente, con estas personas me sale la misericordia; de todas formas, como dice san Pablo, yo estoy crucificada para ellos y ellos para mí. A ellos les parece que mi forma de vida está equivocada y a mí me ocurre lo mismo con ellos”. 
Otra persona del público le pregunta si ha tenido alguna vez la tentación de reengancharse con la gente de su entorno social, quizás por no verse tan diferente... ella responde con sinceridad: “Es una tentación continua pensar que ellos se lo están pasando mejor o que su vida es más atractiva, pero me paro y lo medito y digo... ¡no!. No es verdad, lo que me están vendiendo no es verdad. Es como si todo el mundo jugara al póker...  yo sé que lo que me venden no es verdad”. Y enlaza con la forma en que se dio a conocer a través de los medios de comunicación que había dado un vuelco a su vida: “Mi conversión no fue ipso facto. Pasó un tiempo en el que todo fue madurando. Primero, a través de la Virgen, después Medjugore, la oración... todo surgió durante una conversación sobre la fe, entre un periodista de Motor, una periodista de El Mundo, y yo. Esta última me dijo: ¿Lo puedo publicar?. Yo pensé: me van a inflar a tortas. Pero a mí no me gusta que mis amigos se avergüencen de mí, y Jesús es mi amigo; además él mismo lo dice: si os avergonzáis de mí, también yo me avergonzaré de vosotros. Así que le dije: publícalo. Pensé: no tengo por qué esconderlo, además, como siempre se han metido conmigo por todo, así lo harán por algo en lo que creo”.

Y pasa a narrar brevemente su intervención en el reality-show We Love Tamara, de Cosmopolitan TV: “Le dije a mi director espiritual: -Padre, me han ofrecido un programa de Tv, pero no puedo hacerlo. -¿Por qué? preguntó. -Porque es súper frívolo. -Pero... es pornográfico?  -¡No, padre, no!.  -Entonces, ¿cuál es el problema?, me contestó. Lo que él me quería hacer ver es que primero hay que discernir si ese trabajo constituye en sí una ocasión de pecado o no. Y si no es pecado, pues no es pecado. ¡Dios nos quiere felices y contentos!.

Y a continuación Tamara se adentra en el valor del cuerpo como sacramento... ¡casi nada!: “Hace poco hice un curso sobre la Teología del cuerpo de Juan Pablo II. Y os puedo decir que Juan Pablo II se dio cuenta en los años 70, al mismo tiempo que Hugh Hefner -el fundador de la revista Play Boy -, de que el cuerpo no es malo. De hecho, el Papa intentó que se quitaran las sabanitas a las pinturas de la Capilla Sixtina, pero no pudo ser. En resumen, Hefner entregó el “cuerpo” a todo el mundo, y Juan Pablo II, por el contrario, dijo: el cuerpo es bueno, pero hay que darlo correctamente. Y escribió la Teología del Cuerpo. Él habla de cómo la relación entre un hombre y una mujer es un camino de santidad maravilloso. Al curso asistió un filósofo, hippy en los años 70, que tras descubrir que la Verdad está en el Evangelio se convirtió y posteriormente se casó. Y nos decía que en sus 30 años de matrimonio, su relación con su mujer había cambiado completamente, que ahora tenía muchísima más intimidad con ella, que la dignidad de la persona puede ser llevada por Dios con el sacramento del Matrimonio a otro nivel. ¡Y el camino es tan bonito si se hace correctamente! Eso es el cielo en la tierra, así nos lo decía él.

Sumarios

“Me  proponía unas metas, y cuando las conseguía experimentaba una insatisfacción tremenda. Era tremendamente infeliz”

“Llegué a la parte de los Diez Mandamientos, y de repente me di cuenta: Si esto se hubiera seguido en mi familia, yo no habría hecho daño a nadie, y nadie me habría hecho daño a mí, porque lo que hasta entonces me había herido más era la división de mi familia”

“A mí mi ángel de la guarda me ha ido conduciendo en cada momento de este proceso de conversión... he encontrado gente muy buena y todos han sido instrumento de Él”

Es sorprendente cuando gente que está súper alejada de la Iglesia me dice: “me encantaría conocer a alguien que me explicara más sobre Dios”

La dignidad de la persona puede ser llevada por Dios con el sacramento del Matrimonio a otro nivel. ¡Y el camino es tan bonito si se hace correctamente!