Jeanny o la paz del corazón
Jeanny
está llena de vitalidad. Transmite alegría. Es feliz hasta decir
basta. Con Jeanny me ha pasado que primero he recibido su testimonio
por escrito, y bastantes meses más tarde, la he llegado a conocer en
persona. Es arrolladora. El Señor la ha tenido que pulir, y mucho,
para sacar de esta piedra preciosa un diamante único, espectacular.
La he conocido durante un Retiro de oración para jóvenes en
Navacerrada (Madrid). Ella y a su marido José llevan algo más de un año casados y tienen un precioso bebé de 5 meses.
Se
casaron sin tener trabajo ninguno de los dos, confiados en que casarse
era la voluntad de su Padre Dios, y enseguida Jeanny se quedó
embarazada. Aquello les desconcertó un poco, pero como dice Jeanny,
“el bebé viene con un pan debajo del brazo. Empezamos a trabajar
los dos el mismo día, el 18 de enero de 2016, y el Señor lo hizo así para
que comprendiéramos que nuestra vida la lleva Él; era como si nos
dijese: no os inquietéis, Yo soy, estoy aquí con vosotros”. "Nuestro hijo se llama Abrahám y será sacerdote", comenta Jeanny plenamente convencida de que el Señor les concederá esta gracia.
Me llamo Jeanny
Solo
necesitaba paz…Paz y tranquilidad.
Mi
infancia y mi adolescencia fueron difíciles debido a problemas
familiares, soy hija única con lo cual sufría en soledad todos los
conflictos entre mis padres. Dichos conflictos ocurrían desde que
tenía uso de razón, en mis recuerdos tantos, que pareciera
sucedieran todos los días…
Esto
marcó profundamente mi sensibilidad y mi carácter.
En
mi adolescencia me rebelé contra mis padres y contra el mundo.
Pasaba mucho tiempo en la calle, consumía drogas y las vendía,
frecuentaba malas compañías, tenía un carácter agresivo, ni
estudiaba ni trabajaba y buscaba en el fondo el amor a través de
tantas relaciones con chicos. En mi búsqueda del “amor”, y lo
digo entre comillas porque realmente ni yo sabía lo que era amar,
tuve varias relaciones duraderas con las que comencé a cambiar mis
malas costumbres, pero mi corazón seguía herido y con mucho
rechazo; y mi carácter todavía rebelde y brusco. Era soberbia y
vanidosa, manipuladora y líder, llena de miedos y complejos, toda yo
era un caos y un torbellino.
En
esta etapa se separaron mis padres, para mí todo fue muy violento y
doloroso. Me quedé con mi madre, y a los dos años, cuando por
primera vez había paz en mi casa, brotó en mí ansiedad y
depresión, que sufrí durante 12 años hasta su definitiva
desaparición. Nadie supo de ella, la sufrí en silencio, ya que si
hablaba de ella, ésta crecía.
Durante
mi última relación de pareja estable -con esta ansiedad y todo lo
que acarreaba- tuve una crisis de lumbalgia y ciática -tengo
problemas de columna- que me tuvo en cama y en casa durante un año.
Yo, que era tan vanidosa y me encantaba el deporte me vi inhabilitada
entre cuatro paredes, durante casi todo el día sola. Mi pareja
trabajaba y mi madre también. No solo sufría físicamente sino
también interiormente, pero gracias a ésto se salvó mi alma…
Esta
crisis fue mi salvación y de lo que se valió el Señor para llegar
a mí. Yo siempre creí en Dios aunque no practicaba ni sabía nada
de Él. De pequeña algunas veces me habían llevado mis padres los
domingos a misa, y mi abuela me enseñó a rezar el Padre nuestro.
Esto era todo lo que sabía de Dios.
La Divina Misericordia
Cuando casi había transcurrido un año de
enfermedad, encontré por mi casa un folleto de la Divina
Misericordia que había dejado mi madre. Lo leí una sola vez y
aquellas palabras me impactaron, resonaron en mi corazón y lo creí
realmente.
Comencé
a rezar cada día a las tres de la tarde la Coronilla de la Divina
Misericordia, pensando que si hacía eso me curaría. Después
comencé a ir a misa cada día, también pensando que ello me
curaría. Un poco después empecé con el rosario y ya por último me
confesé -no lo hacía desde la comunión-. Yo hacia todo eso
porque pensaba que con todo aquello me curaría, pero mi estado iba
empeorando hasta el punto de que comenzaron a hacerme infiltraciones
en el cráneo para desbloquear la musculatura cervical.
Al
día siguiente de las infiltraciones me vi en cama apenas sin poderme
mover; abatida porque el tratamiento no hacía efecto, harta de ver a
distintos médicos y probar muchas terapias, me desahogué como nunca
con Dios, y le reclamé. Al siguiente día la crisis desapareció,
cancelé las futuras citas que tenía con el médico y todo terminó.
Aquello terminó y había comenzado sin darme cuenta mi conversión.
El amor verdadero existe
Una vez comenzada esa conversión más
profunda, me di cuenta de que no sólo vivía en pecado con mi novio,
sino que además él no era el que Dios tenía preparado para mí,
así que lo dejé y me involucré más en la Iglesia. Al poco tiempo
mi director espiritual “me presentó” a Louis y Celia Martín.
Para mí su historia fue un flechazo, de repente contemplé que el
amor verdadero era posible . Yo, que estaba desencantada por todo lo
que había visto y vivido hasta entonces, volví a creer en el amor
en un instante, ellos me devolvieron la esperanza; no solo lo creí,
sino que desde entonces nació en mi corazón el deseo de tener un
matrimonio santo. Desde aquel día comencé a rezar por mi futuro
marido, también a guardarme para él y serle fiel. Yo sabía que
cuando él llegara, Jesús me lo haría saber en mi corazón como
hizo con Celia. Y así comenzaron los cuatro años y medio de
oración por mi futuro marido. Durante ese tiempo ofrecía cada
rosario, misa, comunión diaria, ayunos, adoraciones, vigilias de
oración… y cada bendición que recibía la ofrecía para él. A
todo el mundo le pedía su intercesión por mi futuro marido, y todo
esto lo hacía convencida de su eficacia. Cada día pensaba en él y
pedía al Señor y a la Virgen que me lo regalaran cuanto antes.
Durante ese tiempo hubo muchas subidas y bajadas, estaba ansiosa por
que llegara, el tiempo se me hacía eterno.
Esa
búsqueda errónea del amor en los hombres, fruto de mis carencias,
sólo me había llevado al precipicio interior. Estaba equivocada en
mi búsqueda, y eso Dios lo sabía, sólo El podía sanar y llenar
ese vacío, y hasta entonces debía estar sola. Fue durante esos
largos años donde El fue sanando mi corazón de heridas y rencores a
través de su Palabra, de sacerdotes que me instruyeron, y de
retiros. Empecé a comprender que Dios tenía que ser el CENTRO de mi
vida para ser feliz, feliz desde el fondo de mi corazón. Comencé a
tener paz en el alma, algo que llevaba buscando tanto tiempo… eran
tantos años de tormento interior, recuerdos dolorosos, traumas,
depresión, ansiedad…
Sin
tener a Jesús en el centro de mi vida, sin tener felicidad interior
ni paz, difícilmente podía aspirar a un matrimonio santo.
Su Voluntad
Así, poco a poco, fui poniendo cada cosa en su sitio en el
caos de mi vida y de mi corazón. Puedo decir que Jesús fue muy
delicado en su “curación” e instrucción de la niña de sus
ojos, así me considero. En esos difíciles años de transformación
Jesús me enamoró con sus dulces consuelos, sus infinitas señales
de amor y signos de su presencia en mi vida. Guiaba mis pasos
claramente y yo me dejaba llevar
Toda
mi vida tomó un rumbo diferente el día que fui al festival de
jóvenes de Medugorje. Allí conocí al que sería mi futuro esposo
Jose Francisco y a mi amiga Patricia. Desde que nos conocimos Jose y
yo surgió una relación muy especial, una conexión de almas más
allá de la atracción física. Yo no daba crédito a lo que sucedía
en mi interior puesto que todavía no había logrado progresar en mi
superficialidad con los chicos. No me fijaba en su exterior, sino que
me comencé a enamorar de su alma y esto me tenía desconcertada…
A
pesar de la profunda relación que forjábamos durante la
peregrinación, no había un avance sustancial puesto que él tenía
pareja. Ella no estaba en la peregrinación ya que no era creyente y
esto era algo que siempre impidió a Jose un avance con ella. También
conocí a Patri, otra persona muy importante en mi vida. Con ella
también hubo mucha conexión desde el principio y con ella fue con
la que surgió más adelante la idea de entregar parte de nuestra
vida para evangelizar a los jóvenes.
Volvimos
a casa después del festival y finalmente no llegó a cuajar nada
entre Jose y yo. Eso supuso un terrible golpe para mí. Yo iba
convencida de que la Virgen allí me lo regalaría, había pedido
durante meses ese regalo cada día. Eso sumado a la gran conexión
que tuvimos me hizo sufrir una profunda tristeza y desesperanza…
Todo ese sufrimiento me hizo refugiarme aún más en Jesús y María,
hasta que un día sentí que me pedía mi voluntad a través del
diario de Sor Faustina, y así lo hice… Seguía caminando donde
sentía que Jesús me llamaba.
Me
sentí realmente liberada del dolor y de mis ataduras. Llegó el
momento en mi vida en el que tenía claro que Dios era lo más
importante y que sólo a Él quería servir. Había interiorizado que
solo su Voluntad me haría feliz. Tanto fue así, que el tema del
marido pasó a un segundo plano en mi corazón y me involucré en un
proyecto con mi amiga Patricia para evangelizar jóvenes, llamada que
sentimos durante un viaje a Roma al que fuimos invitadas por unas
monjas el mismo día que regalé mi voluntad al Señor.
En
este proyecto pusimos mucho esfuerzo, nos costó un año de carrera a
mi amiga y el trabajo a mí, estábamos dispuestas a todo… pero
Dios tenía otros planes nuevamente para mí. El proyecto no llego
finalmente a ningún puerto y la Iglesia nos cerró algunas puertas.
Esto provocó nuevamente turbación en mi corazón, no comprendía…
Ni me dio el marido, ni me permitió entregarme a la evangelización,
estaba desolada…
Pero
Jesús tenía TODO lo que anhelaba mi corazón preparado para mí.
Pocos
meses después, en la semana de la Misericordia, me reencontré con
Jose y comenzamos nuestra relación, nunca nos olvidamos y nos
tuvimos presente en el corazón. Hoy en día llevamos 6 meses de
noviazgo y estamos felizmente recién casados. Punto al que nos ha
costado llegar tras algún que otro dolor de cabeza y sufrimiento
debido a las múltiples oposiciones que tuvimos al matrimonio. Pero
sabemos que Jesús y María nos han impulsado a dar este paso para
nuestra misión y que estos obstáculos no han hecho más que
fortalecer nuestro amor.
Hoy
veo el tapiz de mi vida del derecho y me admiro de la belleza,
meticulosidad y perfección de los planes de Dios; durante años yo
solo fui capaz de ver el reverso del tapiz: multitud de nudos, hilos
cruzados, diferentes colores, un sin sentido, una maraña… Pero la
REALIDAD era otra bien distinta, muy distinta. Si confiamos en Dios
nos daremos cuenta de que TODO en nuestras vidas esta orquestado
meticulosamente con un fin, para una misión, donde ninguno de los
sucesos y sufrimientos son en balde, donde TODO tiene un sentido; y
si sabemos confiar en ello y no decaemos saldremos triunfantes.
No he perdido las ganas de evangelizar a los jóvenes, pero ahora lo hago a
través de mi matrimonio
y en conjunto con él. Solo quiero hacerles saber que no hay nada
perdido, que el sufrimiento y el dolor no son eternos, que podemos
ser felices, pero no superficialmente, sino desde el fondo de nuestro
corazón y sin que nada lo subordine; y lo más importante, existe el
amor verdadero, la santidad en el matrimonio, que no es ni más ni
menos que vivir con Jesús en el centro de la pareja. Que sepan que
quien confía en Jesús lo tiene TODO ganado y que nunca hay que
perder la esperanza.
(Testimonio de Jeanny Sánchez. Jeanny y su marido fueron recibidos en una Audiencia privada durante su viaje de novios por el Papa Francisco, y Jeanny leyó al Papa su testimonio. Él les dio su bendición apostólica). Este testimonio forma parte de un libro en gestación, que si Dios quiere llevará por título La perla escondida.
Victoria Luque.
NOTA del 27/Julio/2026: El libro La perla escondida ya está publicado, y va por su segunda edición. Editorial Bendita María.
Actualmente Jeannine y José tienen en marcha un proyecto llamado @El marido de la rubia, lo podéis seguir en Youtube y en Instagram.
Comentarios
Publicar un comentario
Deja aquí tu comentario, nos enriquece a todos