viernes, 19 de agosto de 2011

Esta es, la juventud de Cristo

Ayer estuvimos en la plaza de Neptuno, viendo la llegada de Benedicto XVI  a través de una pantalla gigante... no pudimos acercarnos a Cibeles, porque era imposible pasar. Estaba "petao", como dicen mis hijos. El ambiente era impresionante, en dos pinceladas diría que esta barahúnta humana transmitía alegría, y paz. Casi nada, dados los tiempos que corren. Mi hija Victoria empezó, inocente ella, a contar los "curas" que pasaban por nuestro lado... cuando llegó a sesenta dijo: "mamá, ya me he cansado".

Nos instalamos a un lado del Paseo de la Castellana, donde había sombra; Almudena y Judith se tumbaron sobre la bandera de España y se quedaron dormidas. Hasta donde alcanzaba nuestra vista todo era un manto multicolor de jóvenes sentados en el suelo escuchando al Papa. Si hay que poner un "pero", lo que nunca me ha gustado de estos actos es esa especie de arenga que alguien hace, en teoría, para animar a los participantes (cosa que sobra, porque estamos todos más que animados): ¡Esta es, la juventud del Papa¡ ¡Esta es, la juventud del Papa¡, sí, muy bien, pero yo más bien diría, "esta es la juventud de Cristo".

Porque sí, el Papa nos ha convocado a todos (yo me incluyo aquí, por nostalgia, aunque ya de joven me queda bien poco), pero a quien estamos siguiendo, y a quien buscamos con todo nuestro ser, es a Jesucristo, él es el que nos mueve a ponernos en camino. Él es el que nos da esa paz y esa alegría tan palpable. Y el peligro está en que los que miran, pero no ven, miran a los "papaboys" pero no ven a los cristianos. El peligro real es éste, que para los de fuera, todo este tinglado se convierta en unos que apoyan al Papa, y que son unos fanáticos... en lugar de unos que buscan a Cristo, y que están dispuestos a cambiar en sus vidas todo aquello que haya que cambiar para encontrar la perla preciosa de la que habla el evangelio.

Y enlazando con esto, la Fiesta del Perdón me parece alucinante. Está en el Retiro, allí hay filas y filas de confesionarios blancos donde los sacerdotes reconcilian a los peregrinos con Cristo. Donde uno tiene la oportunidad de dejar a los pies de Jesucristo esa mochila personal, única e intransferible, que pesa, porque está llena de desesperanza, de desencuentros, de juicios, de vanidades, de falta de fe... de tantas cosas. Es el momento propicio, la ocasión adecuada. Yo lo tengo pendiente también, seguramente hoy por la mañana me acercaré, y me renconciliaré, porque si no, la esencia de todo esto se pierde ¿Qué sentido tiene la JMJ si no hay una conversión profunda, un cambio de vida radical, una vuelta al Padre que me ama¿

Y para terminar, que me tengo que ir al Retiro, deciros que antes de ayer tuve en el metro una experiencia desagradable y desconcertante, alguien, fuera de sí, maldecía a los curas y a la Iglesia, y nos tachaba a todos de franquistas, fascistas, etc, etc... esta persona estaba acompañado de su mujer y de dos  hijos, uno de ellos con síndrome de dowm, todos muy nerviosos... el señor decía que él salía a la calle porque le daba la gana, que no tenía porqué esconderse de nadie,  que ellos eran socialistas, y que España es un país laico y que la venida de todos estos de la JMJ  iba a costar a cada español mucho dinero... yo los tenía enfrente, el hombre me miraba exaltado... yo dije, casi musitándolo: "eso no es verdad"... si no lo sujetan sus hijos, se me
avalanza encima... me dio mucha pena que hubiera gente así todavía, con unos prejuicios y unos clichés de hace cuarenta años, sufriendo tanto... pero no se podía hablar con ellos, era como estamparse contra un muro, sólo se puede rezar por ellos. Que Él les toque el corazón, es el único que puede hacerlo.