martes, 4 de febrero de 2014

Mujeres engañadas, manchadas de rojo



Asombroso. Cuando he visto las imágenes de la agresión al cardenal Rouco (sí, agresión, porque es violencia verbal y “plástica”) me he quedado “pasmá”. Después del primer impacto visual, en mi fuero interno he sentido una profunda lástima. Qué pena. Qué engaño tan grande tienen estas mujeres. Defienden lo indefendible… “el aborto es sagrado”, dicen. 
Pero después me he enterado de que no, ni siquiera estas mujeres con los pechos al aire y la cruz boca abajo en la espalda, ni siquiera, digo, defienden algo por convicción… no. Las pagan.
Según he podido saber, Femen, este movimiento nacido en Ucrania, contrata a mujeres (algunas de ellas prostitutas) para que realicen estas fantasmadas, y paga grandes cantidades de dinero sólo si las fotos de sus actividades llegan a publicarse... para lo cual es condición irrenunciable emplear el desnudo y la blasfemia. Detrás de este movimiento hay personas influyentes y dinero a espuertas, según reconoce el encargado de la OSCE (Organización para la Seguridad y Cooperación Europea) para la lucha contra la cristianofobia, Massimo Introvigne, pues las mujeres de Femen tienen infinidad de recursos para colarse en cumbres europeas y otros foros. Estas pobres buscadoras del minuto de gloria (?) y de la pasta gansa, ya protagonizaron un ataque grotesco contra el arzobispo Leonard, de Malinas-Bruselas; también irrumpieron el día de navidad en la catedral de Colonia, y de pie sobre el altar, hicieron la pantomima enseñando su torso desnudo en el que se leía “Yo soy Dios”. Si no fueran actos tan execrables, sería para tomárselo a risa.

A Rouco Varela le lanzaron bragas manchadas de rojo, pobres.


Pues también por vosotras, mujeres engañadas, manchadas de rojo, zarandeadas por la vida, parapetadas en el dinero, o en el placer oscuro, también por vosotras, que deféndéis lo indefendible, que seguramente lleváis a vuestras espaldas uno o dos abortos, o que estáis hastiadas de ser objeto de abuso por tantas cosas inconfesables… también por ti –y por mí, que no soy mejor que tú- ha muerto uno en la cruz. Para que vivas la Vida buena, esa que no conoces ni por el forro. Pero que existe. Para que seas feliz de verdad. Y no te escondas detrás de unos planteamientos ideológicos que sólo te llevan a la muerte y la desesperanza. Mujeres abortistas, todavía estáis a tiempo. No os dejéis robar lo mejor de vosotras mismas, vuestra condición sagrada. Porque sí, habéis equivocado el rumbo. El aborto no es sagrado, pero vuestro cuerpo sí es sagrado. Y está hecho para amar, y para dar vida. Y para ser feliz. ¿Por qué no te crees que eres única e irrepetible para Dios? ¿Por qué luchas contra ti misma?