viernes, 18 de abril de 2014

Mi cruz gloriosa

Allí, arrodillada delante de la cruz, sólo pude musitar:
"Señor mío y Dios mío, que pueda y quiera abrazar mi cruz".

Porque la cruz es la que me va a conducir junto a Ti. Mi cruz es la que me va a abrir las puertas del cielo. Esa cruz de la que huía y huyo cuando no tengo tu Espíritu, es la que me va a conducir a la Gloria. Qué curioso. La cruz es esa puerta estrecha que me llevará a vivir la Vida en plenitud. Es el lecho de amor, como dice un canto, donde nos ha desposado el Señor. Esto son palabras mayores. Lecho de amor, porque ahí, en el sufrimiento, Tú te encuentras conmigo. Tú llevas mi carga. Ahí he conocido que me quieres realmente, que tú has pasado primero por la cruz, para que yo pueda hacerlo unida a Ti.

Hablar de la cruz no es ninguna tontería. De la cruz tenemos experiencia todos, los que creen y los que no creen. El sufrimiento está ahí, indefectiblemente. Lo puedes llevar con paz en el corazón, con alegría incluso en determinados momentos: cuando ves que esa cruz tiene un sentido, que Cristo te da de su santo Espíritu para hacerla gloriosa; o puedes -digo- arrastrarla, renegar de ella y hundirte en el más profundo de los sinsentidos, porque, hermano, sin Cristo la cruz (el sufrimiento ese que te quitarías sin pensarlo dos veces) se vuelve en lastre imposible de sobrellevar. Y entonces reniegas, maldices tu historia, y te hundes. Y sales corriendo. Y es cuando te divorcias, o te suicidas, o bebes para olvidar... en definitiva, huyes. Porque no podemos llevar el peso del sufrimiento si éste no tiene una razón de ser, un por qué o un para qué.
El por qué es porque TE QUIERO, dice el Señor. Y  El "para qué" es para darme la VIDA con mayúsculas, la VIDA verdadera, esa para la que estamos creados, junto a nuestro Padre Dios.

Qué maravilla verle un sentido a la cruz!!! El Señor, como sabe que soy de dura cerviz nos ha hecho pasar (a Jose Manuel y a mí) ya por dos veces, por el mismo camino. Un camino duro, áspero, donde parece que no hay agua ni nada que tenga vida... el Señor nos conoce bien. Necesitamos estas cruces para abajar la cabeza. Ahora sé que sin Él no soy nada. No puedo nada. Un cero a la izquierda. Y me ha dado la certeza de que en medio del fragor de la batalla (una hija con problemas) Él se hace fuerte conmigo.

Tengo la experiencia de que en la peor de las situacion
es que hemos vivido, Él me ha dado de su Espíritu Santo. En concreto, me acuerdo que ese día yo iba en el metro camino del trabajo en paz, salmodiando, con la confianza de que Él es el dueño de la Historia, que Él sabe cuidar de sus Hijos, y que además, sabe lo que nos conviene en cada momento, aunque nosotros no sepamos por dónde tirar. Me asombraba de mí misma, porque esa paz no me la proporcionaba yo, era Otro el que me la daba.

¿Y qué he aprendido de esta cruz? Varias cosas importantísimas para mi vida.
Que la cruz te hace un poquito más humilde. Ves cómo eres en realidad, lo que sale de tu corazón: la ira, la murmuración, el juicio y la condena... en definitiva, ves ese "lado oscuro" que tantas veces trato de ocultar.
He visto mi podredumbre.
Y también he visto su FUERZA. Donde yo no puedo, Él puede. Le he visto fuerte amando a mi hija en su precariedad. Él me ha dado la capacidad de abrazarla, de amarla, de llorar a su lado y con ella. Me ha dado misericordia. He podido pedirle perdón... tantas cosas.

He visto que la cruz no te destruye. Que Jesucristo está conmigo. Que se puede vivir en la cruz, en paz.

He visto que tengo un Padre, que nos cuida a través de cosas concretas, de personas que se han volcado con nosotros, profesores, amigos, hermanos de comunidad que han rezado por ella y por nosotros... he visto a mis hijos con una determinación asombrosa, con una entrega y un amor hacia su hermana que me ha hecho estremecer... cómo la han aconsejado, cómo se han preocupado, cómo la han acompañado en el sufrimiento... esto también viene de Dios. Porque Él es el que mueve los corazones. Él es el que nos da esa capacidad de amar y de entrega sin límite.

El Señor también ha ido por delante, ha abierto el mar para nosotros (sin yo buscarlo ni mover "ficha", surgió un viaje a Murcia, con las hermanas de Madre Teresa de Calcuta, un regalo impresionante por el bien que le hizo a mi hija), ha habido muchas pequeñas cosas, que la han llevado a decir: "me he dado cuenta de que mi familia me quiere". Para mí eso no tiene precio.

He visto, y estoy viendo, que la cruz nos acerca a Jesucristo y a la Iglesia. He visto la comunión entre los hermanos de fe. He visto que la cruz no es "mala", que en la Cruz el Señor se manifiesta en nuestras vidas, y nos salva. Nos sentimos amados por Él. Y eso tampoco tiene precio.

La cruz gloriosa
del Señor resucitado
es el árbol de la salvación
en él yo me nutro
en él me deleito
en sus raíces crezco
en sus ramas yo me extiendo