domingo, 20 de diciembre de 2009

Eucaristía por la familia: Nos vemos en la Plaza de Lima, el 27 de diciembre




No es la primera vez, ni creo que sea la última, que Jose Manuel y yo
vamos a dar una palabra de aliento con motivo de algún acto litúrgico,
a las parroquias que están cerca de nuestra casa.
Esta vez nos ha tocado ir a una iglesia de Cuatro Caminos, allí, en misa
de una, nos hemos plantado con siete de nuestros nueve chavales.
Ibamos a animar a los feligreses a acudir a la eucaristía del domingo 27 de
diciembre, en la Plaza de Lima, a las 12 horas...
allí nos reuniremos familias de toda Europa, para dar gracias a Dios
por las maravillas que hace en cada uno de nosotros.

Se está preparando una movida impresionante. Nosotros, si Dios quiere,
acogeremos en casa a dos jóvenes italianos durante dos días... otras muchas
familias de Madrid harán lo mismo con franceses, portugueses, holandeses,
noruegos, alemanes... etc.

A Jose Manuel empezó a dolerle la tripa esta mañana (quizás influyeran
los nervios), el caso es que no se encontraba bien como para hablar
en público, así que tuve que hacerlo yo.
La verdad es que después (una vez que has vencido los miedos
y has hablado, mejor o peor, de los motivos por los que tienes
nueve hijos), sales contenta.
Es como la compensación de Dios al esfuerzo realizado.
Es como una inyección de Espíritu Santo.

Y así estoy ahora. Feliz.
Como siempre, he tenido que retrotraerme al pasado,
y ver qué ha hecho Dios con nosotros, si nos cuida, si es un
Padre o no, si es verdad que Cristo está resucitado,
si merece la pena seguirle...
yo soy muy poco agradecida, pero cuando miro hacia atrás,
no me queda más remedio que reconocer que lo ha hecho bien,
que lo está haciendo muy bien.

Esta mañana, antes de ir a esta iglesia, pensaba en el porqué,
porqué tenemos nueve hijos,
y sinceramente, creo que es por "temor de Dios";
que no es "miedo de Dios", sino respeto a su voluntad.

Jose Manuel y yo hemos visto que cuando de verdad hemos
sido felices, ha sido cuando no le hemos puesto trabas
a Dios... cuando hemos estado abiertos a la vida,
cuando nos hemos adecuado a Su voluntad.
En la escucha atenta, hemos visto lo que quería
de nosotros en cada ocasión... me acuerdo que Victoria
fue concebida después de la peregrinación del 2000
a Tierra Santa,
allí Juan Pablo II nos tocó de lleno, y nos mostró la
belleza de la donación mutua, de la entrega sin
reservas, nos mostró que no estamos solos en el cuidado
de los hijos. Que el Señor está con nosotros.

Este es un camino muchas veces difícil de recorrer,
porque te tienes que negar a ti mismo, a tus gustos,
a tus comodidades, a tu egoismo...
pero es que también hemos visto que eso
no da la felicidad.

Así que, como decía el sacerdote en la homilía,
hemos hecho lo que hizo María...
conocer poco a poco la voluntad de Dios, y acogerla.

María no lo supo todo "de sopetón", Dios Padre la fue
amoldando poco a poco,
le dio su Espíritu, para que en cada momento,
hiciera lo que El le sugería...
María caminó, y en ese camino se hizo sierva,
humilde, llena de gracia.

En nuestros planes no entraban nueve hijos,
pero el Señor nos los fue dando
uno detras de otro,
y vimos que cada uno era una bendición,
un regalo hermoso que nos liberaba de nuestro
orgullo, egoísmo, ambición...
es decir, cada hijo nos acercaba más al Padre.

También cada hijo nos mostraba nuestra realidad precaria,
unos "pobres pesebres", eso somos nosotros,
adonde viene a habitar el Señor.

Y es una maravilla. El trabajo del Señor ha sido perfecto, con
los disgustos, o las enfermedades, a las apreturas económicas
incluidas. Perfecto. Porque detrás de todo lo que nos
pasa y nos pasará, se encuentra El.

Su Palabra, su Cuerpo y su Sangre entregada.
Su Espíritu Santo.

Yo no lo hubiera hecho así,
pero El sí. Para eso es Dios,
y sabe lo que nos conviene.

Así que allí estaremos, en la Plaza de Lima, porque la familia
cristiana necesita fortalecerse.
Y el testimonio de otras familias nos ayuda a todos.
Con el Señor es posible estar abiertos a la vida,
con El los problemas son sólo eso,
problemas... pero no te matan, no te tumban,
no acaban contigo. Porque estás enraizado en la vid verdadera,
y te nutres de su savia.
Qué maravilla.