lunes, 6 de septiembre de 2010

Estais todos muy tristes


Ayer fuimos a llevar a Sara al aeropuerto. Sara -amiga de mi hija Rocío- junto a su familia (son diez hermanos más su padre y su madre) se van de misión a un pueblo de Austria. Se quedó a dormir en casa por aquello de apurar hasta el último momento el estar junto a Rocío.


La verdad es que esta separación nos has tocado a todos: desde el mayor de mis hijos hasta la más pequeña (con uso de razón) es decir, hasta Inés, pasando por José Manuel, mi marido.


Han sido dos años cortos, pero intensos. Los Dávila vinieron a España hace dos años después de haber estado de misión otros cinco en un país asiático del que obvio el nombre porque la situación allí no es muy acogedora para los cristianos. Cuando llegaron a Madrid no tenían casa, ni trabajo, ni colegios, ni coche, ni nada... y según ellos cuentan, vieron milagro tras milagro cómo todo iba colocándose en su lugar poco a poco... el primer año fue duro, también porque lo que les trajo de vuelta fue el cáncer de uno de sus hijos pequeños.


Gracias a Dios este crío ya está bien. Y ahora, cuando ya estaban asentados, e "instalados" en el mundo, en la comodidad, en un trabajo interesante profesionalmente, en unos colegios, en una casa grande... ahora, el Señor les ha vuelto a llamar, y para asombro de todos, lo han vuelto a dejar todo de nuevo y han emprendido la marcha.


¿Por qué? "Porque el Señor nos ha rescatado tantas veces de la muerte que no podemos decirle que no". También porque quieren que sus hijos "tengan experiencia de Dios". Y aquí, entre tantos ídolos, esto es más difícil. Porque de alguna forma han visto que aquí, en Madrid, sus hijos estaban dispersándose interiormente, buscando la vida donde no está, en cosas que no dan la felicidad.


"En la misión todo es más fácil", decía Jasnagüra, la mayor de las hijas, durante la eucaristía-envío de esta familia a la misión en Austria:



-"La verdad es que los que os quedáis aquí, en la retaguardia, lo tenéis más difícil"; esa parecía ser la idea que nos querían transmitir los hijos, porque Loreto, con once años, con la sonrisa en la boca y con esa mirada transparente de los niños, comentaba una cosa "muy simple" según ella:


- "yo he notado que cuando estaba en ... (país asiático) tenía más Espíritu Santo... desde que estoy aquí, estoy más triste... tengo menos Espíritu, y no es por ofender, también veo que vosotros estáis tristes, os falta alegría".



Y esta es una verdad como un templo. La misión lleva consigo la entrega, el desprendimiento de uno mismo, y esto trae aparejada la alegría, la fe, la confianza en Dios... a mí esta familia me ha tocado el corazón.



Ayer, en las laudes del domingo, acabamos todos llorando, porque cada uno de nosotros ha tenido su experiencia particular con alguno de ellos en concreto y con todos en general. Yo lo que he visto es que esta familia tiene alegría, están siempre con la sonrisa en la boca, son generosos sin medida, hemos ido a su casa este verano muchas veces, nos hemos bañado en su piscina, hemos cenado con ellos, hemos compartido y siempre he salido reconfortada.


Recuerdo que Nazareth se sorprendía de la generosidad de Sara, que invitó a todos mis hijos a la Aquopolis con un dinero que le habían dado sus abuelos para ella. Jose y Miguel han experimentado lo que es subir a la montaña gracias a la inquietud de Jasnagura por la naturaleza. Gracias a Jasnagura, Miguel este verano ha dejado de lado horas y horas delante de la pantalla del ordenador, y las ha sustituido por horas pedaleando en bici.


Este verano, los Dávila-Lasso nos lo hemos pasado genial. Unos han venido a dormir a nuestra casa, y otros han ido a dormir a la suya. Todo esto ha sido una bendición enorme. Y habrá que ver que quiere Dios decirnos a nuestra familia con todo esto, porque ahora mismo todos estamos "tocados".


Úrsula, la madre, me decía en el aeropuerto: "Ha sido muy bonito todo lo que hemos compartido... nuestros hijos y los vuestros...". A mí sólo me salía un ¡ay!... sólo pude abrazarla y darle las gracias.



Teresa, en el aeropuerto, le regaló a Loreto una pulsera suya y le dio una carta, Loreto le dijo con su sonrisa de oreja a oreja: "Muchas gracias Teresa... muchas gracias... de premio, te doy un paseo en el carrito de las maletas"; y cuando se despidieron la cogió del brazo y la decía: "venga, vente con nosotros, dejales a ellos ahí". Teresa, el domingo, después de las Laudes, estuvo llorando sin parar en su cama, y casi sin poder articular palabra me dijo que no quería que se fueran a Austria.


Victoria también estaba desconsolada... Miguel tenía los ojos rojos...
Rocío y los demás (a excepción de Nazareth, que dice que "de eso ni hablar") nos decían a José Manuel y a mí que ellos querían irse de misión. Y lo decían en serio.