martes, 14 de septiembre de 2010

Transparente


Acabo de despedirme de Jose Antonio, que ha sido enviado a Roma, y me he quedado como cuando a una teje una prenda y le "cortan la trama", que diría el salmista. Me explico. Jose Antonio es paulino y además mi jefe, o mejor dicho, lo era, (aún no sabemos quién lo sustituirá), pero al margen de esta minucia, Jose Antonio es, o al menos yo lo considero así, un amigo querido. Para mí ha sido y es una persona entrañable, una de estas personas con las que te sientes a gusto. Llevamos un año trabajando juntos de nuevo, después de un considerable lapso de tiempo durante el que he dado a luz siete veces; y cuando después de trece años empezábamos a retomar todo lo andado, va y se va. Le envían a Roma con otro cometido, por tiempo indefinido. Para él ha sido doloroso, y para los que nos hemos quedado aquí, sin él, también.


Recuerdo que una vez le dije: -Me han regalado en la parroquia un cuadro de la Virgen María muy bonito, pero está algo deteriorado, tiene una mancha oscura que no me convence... no sé qué hacer con él. ¡No lo voy a tirar!

Él me contestó: -Tráemelo. Veré si lo puedo arreglar.

-¿Tú pintas?
-Sí, en mis ratos libres.

Pasó el tiempo, y el cuadro entró en el olvido... me fui de la revista. El cuadro ha estado con él trece años... un día del año pasado, recién llegada de nuevo a san Pablo, Jose Antonio me enseñó un cuadro que traía bajo el brazo:

-¿Te acuerdas de este cuadro? me dijo. Lo he tenido en mi habitación todos estos años, lo he retocado mil veces, no me convencía cómo quedaba, pero al fin lo he conseguido, aquí lo tienes, como nuevo.

María estaba preciosa. Me encantó la dedicación que había puesto en aquel cuadro. Así es él. Cuida los detalles, que son expresiones del amor que uno lleva dentro. Le conozco desde hace ¿diecinueve años? (¡qué barbaridad!), cuando él  maquetaba Familia Cristiana y yo estaba de redactora en la revista. Recuerdo que entonces me sentaba en su mesa y tomaba decisiones, fíjate tú, sobre qué foto me gustaba más, qué colores elegir para el título, etc. y él aceptaba sin rechistar mis sugerencias... eso sí que es ser humilde, y lo demás es tontería.

Es un rara avis, dado los tiempos que corren, porque sabe escuchar. Me decía otro paulino que "cuando hablas con Jose Antonio se para el tiempo; aunque tenga mucho que hacer, te trata como si fueras lo más urgente para él en ese momento". Y esto, que yo lo tengo más que comprobado, da idea de la talla de su persona. El año pasado le invitamos Jose Manuel y yo a nuestra proclamación del Credo en la parroquia, y allí estuvo junto a otros paulinos. Hoy me alegro enormemente de haberlo invitado, porque conoció todo lo que hemos sufrido hasta encontrarnos con Cristo, conoció nuestra historia más íntima, y esto forja la verdadera amistad.

Con él me ha pasado lo que pasa cuando una se encuentra con una persona transparente, sin dobleces, y se hace amiga de ella; que esa amistad ya es para siempre. "Vendrán los torrentes, vendrán los vientos, y azotarán contra la casa, pero no será derribada porque está cimentada sobre roca"; este evangelio, que fue el que elegimos Jose Manuel y yo para nuestra boda, y que en aquella ocasión proclamó Jose Antonio desde el atril, refiriéndose a nuestro matrimonio, esto mismo lo digo yo hoy referido a él: este lazo que nos une está cimentado en Dios, y eso no hay quien lo mueva.
(Y ya te puedes ir a Roma, o a África, si llega el caso, que cuando el corazón es fiel, no hay lugar para la distancia).

P.D. ¿Por qué se va todo el mundo?