jueves, 30 de abril de 2015

Habla un exorcista de la diócesis de Madrid: "El poder de Jesucristo es más fuerte que el del maligno"



Lo primero que el presentador del evento nos hace saber es que el exorcismo no es un espectáculo: “Espectacular, sí, pero espectáculo, no. Es una realidad muy triste y muy dura -dice-”. Y a continuación presenta al conferenciante, un exorcista de la diócesis de Madrid, el p. José Ramón, que pese a llevar solo dos años en este cometido, desvela con prudencia y tino una realidad de la que muchos hablan, y de la que casi todo es desconocido. El exorcismo, dice, forma parte de la pastoral de la Iglesia que se preocupa por sus hijos que sufren.

                                                                                                                                    

José Ramón es un sacerdote joven, se presenta ante la sala, abarrotada de estudiantes, con la humildad de alguien que simplemente ha obedecido el encargo de su obispo. Nada más. “En unos ejercicios espirituales sentí la necesidad -nunca me había ocurrido antes- de ponerme al servicio de la diócesis en lo que necesitara. Y cuando terminé los ejercicios, mi obispo me pidió que fuese exorcista. No pude negarme”. Y deja clara una cosa, el exorcismo “es una labor pastoral de la Iglesia que se preocupa por sus hijos que sufren. El mal existe, y la Iglesia siempre ha luchado contra el mal. En estos dos años como exorcista, puedo decir con toda sencillez que hay cosas que me pueden, no tengo todas las respuestas, yo tengo fe en el Señor y actúo desde mi fe en el Señor. No pretendo ser el mago Merlín que solucione todas las cosas ni el oráculo de Delfos que dé explicación de todo”.

Un instigador, causante de todo mal

Y comienza a desbrozar ese sentido del origen del mal que todos alguna vez hemos experimentado en nuestra vida: “Sobre la existencia de Satanás hay una frase simpática de Bodelaire que dice; “es más difícil amar a Dios que creer en él, y a los hombres de este siglo les es más difícil creer en el diablo que amarlo”, y continúa Bodelaire: “todo el mundo le sirve y nadie cree en él, sublime sutilidad la suya”. Pues es verdad -dice el p. José Ramón-: Desde nuestra mentalidad racionalista nos cuesta aceptar realidades preternaturales, realidades que van más allá de lo que controlamos. Desde pequeñitos hemos aprendido a decir en el padrenuestro: “líbranos del mal” -o del maligno-, y la historia de la Iglesia siempre ha entendido que el mal tiene nombre, tiene patitas-. Las cosas no suceden por casualidad, no hay energías negativas que pululen por el cosmos... existe un ser personal que es el origen de todo mal. Cuando se narra en la Biblia el origen del mal relacionado con el ser humano -pecado original- siempre aparece un instigador, un ser causante de todo mal. Uno de los grandes problemas que se le plantea al pueblo de Israel a lo largo de su historia es si el mal está relacionado con la cercanía a Dios o no. Es decir, si yo estoy cerca de Dios... no me tiene que pasar nada malo. Entonces, ¿por qué el justo sufre? La respuesta nos la da el libro de Job, ahí observamos que en el sufrimiento del justo aparece un instigador, un causante del mal, y no directamente Dios. Es la respuesta por la que entendemos lo que nos pasa, porque ¿cómo es posible, por ejemplo, que una persona mate a sus hijos y los queme?... qué horrible, qué duro. Y esto ocurre entre vecinos nuestros, entre compañeros de trabajo... Y la gente dice, no me imaginaba que esta persona fuese tan terrorífica, ¿qué ha pasado ahí? ¿por qué ha actuado así?. ¿Por qué una persona es capaz de destrozarse a sí misma o a otros? El catecismo de la Iglesia católica habla del misterio del mal. Porque realmente es algo misterioso”.

Este exorcista hace, además, una puntualización muy conveniente: “Existe el peligro de reduccionismo, de ver la realidad desde un único punto de vista, y esto falsearía bastante dicha realidad. Así, sería un error eliminar el aspecto espiritual a la hora de explicar todas las afecciones que una persona tiene; también sería un error ver acciones extraordinarias del demonio en todas partes. Estamos ante unas realidades muy complejas. Hoy tendemos a buscar una explicación desde distintas disciplinas para acercarnos a la verdad. La psiquiatría ayuda a entender estos acontecimientos, pero no tiene todas las respuestas. El exorcista ha de colaborar con psicólogos, psiquiatras y expertos en vida espiritual porque el ser humano es muy complejo”.

Y como colofón a toda esta primera parte de su exposición, el p. José Ramón concluye: “Los creyentes aceptamos por revelación de Dios que el mal tiene un origen personal y concreto. Estamos ante una lucha espiritual entre el bien y el mal. Y en esa lucha no estamos ante fuerzas igualadas, sino que nos hallamos ante Dios creador de todas las cosas, y el demonio -y su cohorte-, un ángel desobediente a Dios que es criatura y por tanto, jamás tendrá el poder de Dios. Jamás”.

Id y expulsad demonios

Pero ¿qué se entiende por exorcismo? La respuesta no se hace esperar: “Cuando la Iglesia pide públicamente con autoridad y en nombre de Jesucristo que una persona o un objeto sea protegido contra las asechanzas del demonio y sustraído a su dominio, esto se llama exorcismo”. El P. José Ramón se retrotrae ahora a la primera vez que actuó como exorcista: “La primera vez que uno se enfrenta a esta realidad de lo desconocido, te asustas. Pero enseguida entiendes el salmo 27: “Aunque un ejército entero se levante contra mí, mi corazón no tiembla Señor, porque tú estás conmigo”. Enseguida comprendes que la acción del demonio, por muy aparente que sea, no es nada en comparación con la protección de Dios. Y desaparece el miedo, porque ese miedo siempre viene provocado por el enemigo, y aunque es verdad que alguna patada y algún escupitajo me he llevado, de ahí no pasa. Como dice un compañero mío, el demonio tiene la boca muy grande y las manos muy cortas”. En definitiva, “uno cuenta -dice- con el poder de Jesucristo, que es más fuerte que el poder del mal. Y esto es un principio básico para vivir. Cualquier persona que tiene la desgracia en su vida de quedar poseída -porque ha hecho tonterías o porque hay otros que han ejercido maldad contra ella- y entiende que el poder de Jesucristo es más grande, esto la llena de esperanza, de forma que vive su realidad de una manera muy distinta. La Iglesia cuida de sus hijos, y les transmite esperanza, también a los que sufren estas situaciones”.

Durante veinte siglos la Iglesia ha realizado lo que Jesús mandó a los apóstoles -aparte de evangelizar-: “Id y expulsad demonios”. Así, el exorcista explica que en este largo combate con el enemigo, la Iglesia ha determinado una serie de rasgos que ayudarían a discernir si la persona está bajo el dominio del maligno: “Si una persona habla una lengua que no conoce, especialmente el latín. Si puede mover objetos a distancia. Si conoce cosas ocultas que no tiene por qué saberlas o manifiesta una fuerza física infinitamente superior a la que tiene por edad y condición. ¿Estos rasgos son como la prueba del nueve? Pues no lo sé. También la tradición de la Iglesia señala una serie de rasgos espirituales que podrían sugerir una posesión: la aversión vehemente a Dios, al Santísimo nombre de Jesús, a la bienaventurada virgen María, a los santos, a la Iglesia, a la cruz, a las imágenes sagradas, a los sacramentos, a la palabra de Dios. Así, -explica- hay personas religiosas que se ponen en la fila para besar al niño Jesús en navidad, y cuando llega el momento de besarlo, no pueden, ¿por qué?. Son rasgos espirituales -concluye- por los que la Iglesia entiende que hay sucesos extraños que podrían ser explicados desde una acción extraordinaria del demonio”.

En qué consiste un exorcismo

Lo primero que dice el ritual es que la sesión de exorcismo no es un espectáculo, por ello, la Iglesia prudentemente prohíbe su grabación al estar en juego la intimidad de la persona. Cuando el exorcismo se ha grabado, se ha realizado en contra del dictamen de la Iglesia. Para que lo entendamos, es como si alguien grabase tu confesión... ¿cómo te sentirías?, además, seguramente provocaría un rechazo social hacia la persona afectada”. Y prosigue el exorcista diciendo que por tener el exorcismo la forma de una renovación bautismal, en primer lugar se invoca a la Trinidad, se bendice agua y sal y se santigua y asperge la zona donde se encuentran la persona afectada, el exorcista y sus acompañantes -que le ayudan en la oración- si los hubiere. El P. José Ramón señala, además, que el exorcismo no es un sacramento sino un sacramental, y explica la diferencia: “Un sacramento es aquel a través del cual Dios actúa directamente, mientras que un sacramental depende de la fe del que lo recibe y del que actúa. En el exorcismo estamos ante un acto en el que cuanta más fe tiene la persona, más es ayudada”. Después de la bendición, se invoca a los santos -dice el ritual que a ser posible, de rodillas-, pero el exorcista comenta: “normalmente de rodillas se ponen el cura y los acompañantes, al individuo en concreto le cuesta bastante porque en muchos casos está afectado desde el principio o entra en trance y pierde la conciencia totalmente”.

Si la persona tiene devoción concreta por algún santo especial, es bueno nombrarlo porque “actúa más eficazmente el exorcismo”. Después de esto, se proclama la Palabra de Dios (“la Palabra de Dios es viva y eficaz como espada tajante de doble filo, dice la Escritura, y se nota. Al enemigo la Palabra de Dios no le gusta nada”, comenta el p. Jose Ramón), se reza un salmo y se proclama el Evangelio. También dice el ritual, “y los que están se ponen de pie”; si pueden, claro. Los evangelios elegidos -que figuran en el ritual de exorcismos- están relacionados con la acción de Jesucristo en contra del demonio, también el comienzo del evangelio de san Juan: “La Luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la comprendieron (no la dominaron)...”. Después se imponen las manos sobre el afectado, “este gesto es una invocación a Jesucristo para que envíe su Espíritu santo, también es un gesto de sanación de parte del Señor. Detrás de una persona poseída suele haber problemas físicos, psicológicos, etc, y la acción del Espíritu santo es sanadora. ¿Cómo? Esto no son matemáticas, pero vemos cómo la persona va mejorando día a día... hay personas a las que la acción del enemigo les afecta tanto que no pueden ni salir de casa, no les deja ni lavarse... y el proceso de oración es sanador y purificador de la persona, así, ésta empieza a hacer cosas tan normales y cotidianas como lavarse o salir a la calle”. Después de la imposición de manos, se reza el Credo, “es decir, si esto es un acto de fe, proclamamos nuestra fe. Bien es verdad que si la persona está muy dominada por la acción del enemigo, éste no la deja contestar; puedes forzar y forzar y después de bastante tiempo conseguir que responda. ¿las razones de ello? No lo entiendo; como he dicho antes, esto me supera”.

Después del símbolo de la fe se reza el Padrenuestro, e igualmente hay veces que la persona puede rezar y otras que el maligno se lo impide. Por último, se muestra la cruz al afectado “eso que mola tanto en las películas”, dice el p. José Ramón, y se le bendice con la cruz. “Hay personas que tienen los ojos abiertos y miran la cruz tranquilamente, a otros, la simple visión de la cruz hace que todo les rechine, y hay quienes no abren los ojos porque no quieren ni verla”. Por último, se termina con una invocación de los misterios de la vida de Jesús y una oración de petición de liberación. En esta última oración existen dos fórmulas, una deprecativa y otra imperativa: “La primera consiste en implorar a Dios para que libere a esa persona, la segunda se dirige directamente al demonio para ordenarle que se vaya”. Se concluye el exorcismo con un cántico evangélico para dar gracias a Dios (Benedictus, Magníficat o Nunc dimittis), oración final y bendición.

El afectado hace un camino de fe

Dice el p. José Ramón, “lo único que hay que hacer en el exorcismo es rezar. Evidentemente a veces hay una lucha espiritual porque el enemigo no quiere que reces, y por tanto, aparecen los aspavientos, el saltar, cosas que vuelan, etc. pero todo esto ocurre simplemente porque él no quiere que reces”. Los expertos como el p. Amorth -el exorcista de Roma- recomiendan que se rece una vez a la semana, y en los casos más extraordinarios, alguna vez más. Los más leves, cada quince días. Cuándo se liberará la persona? Cuando Dios quiera. “A veces -comenta el p. José Ramón- uno puede caer en el desánimo cuando lleva con la persona más de un año y todavía no ve luz en el fondo del túnel. Pero es cuestión de perseverar en la oración, como pedía Jesús. La persona acude a la Iglesia pidiendo ayuda, y sabemos que al final hay luz. Realmente, el afectado hace un camino de fe.

Hay una anécdota del p. Amorth muy iluminadora al respecto: cuenta que una persona llevaba 18 años poseída yendo semanalmente a la oración con él, y el p. Amorth le pregunta: hijo, después de 18 años viniendo a rezar conmigo, no estás desanimado? A lo que este hombre contesta: padre, en mi familia todos éramos ateos, ninguno creía en Dios, yo me acerqué a la Iglesia porque me pasaba algo que no entendía, y desde que usted reza conmigo puedo tener una vida casi normal. Además, desde que pude decirles lo que me estaba ocurriendo, he asistido al proceso de conversión de más de cincuenta miembros de mi familia. Cómo voy a estar desanimado después de ver estos frutos?”. Seguidamente este exorcista comenta que el afectado por una posesión puede llegar a descubrir la realidad de Dios y de Jesucristo en la propia vida y experimentar todo un camino de fe. De hecho, la posesión es siempre sobre el cuerpo, no sobre el alma, que es un lugar sagrado donde mora Dios. Así, comenta el p. José Ramón, ha habido casos de santos que han sido vejados e incluso poseídos por el diablo. Y hace referencia en concreto al caso de una mujer alemana “muy de Dios” -se hizo una película sobre ella, titulada El exorcismo de Emily Rose- a la que Dios pide permiso para que sea poseída por el diablo y la gente entienda que el demonio existe. “Ella se dispone y muere en un arrebato; su tumba es lugar de peregrinación para los creyentes. Es decir, el poder del enemigo es siempre un poder externo si no se le da pie a nada más, comenta este sacerdote”.

Para concluir, el p. José Ramón nos comunica su propia experiencia en relación a su cometido como exorcista: “Como creyente en Cristo Jesús esta labor de exorcista me ha ayudado muchísimo. Mucho. He descubierto la intercesión de los santos, y esto me parece algo grandioso. Me he vuelto también más carismático, por ejemplo, he descubierto la grandeza del Espíritu santo a través de la imposición de manos que realiza el sacerdote. Algo que antes, ni se me ocurría hacer, porque no entendía absolutamente nada... también me he hecho uno con el que sufre. Cuando tienes cerca a una persona que sufre durante más de un año con estas cosas, y ves todo lo que el enemigo le impide hacer en su vida cotidiana... sufres con él, compadeces con él... y esto es lo que de alguna manera hace Cristo con nosotros. La expresión de la cruz no es otra cosa que la compasión de Cristo con nuestra propia vida. Luego -añade- se me ha desvelado completamente el poder de la oración. Ahora me la tomo tan en serio... os pongo un ejemplo: me encontraba rezando con una persona víctima de distintas enfermedades como consecuencia de un hechizo. Ella tiene una amiga que se halla en un país sudamericano, también afectada por el mismo hechizo. Pues esta última la llamó por teléfono desde Méjico para preguntarle si tal día y a tal hora, estábamos rezando también por ella. Efectivamente, así era. No sé si serán casualidades de la vida, pero desde entonces me tomo muy en serio rezar por los que me lo piden”.


SUMARIOS

No pretendo ser el mago Merlín que solucione todas las cosas ni el oráculo de Delfos que dé explicación de todo”.

Hay rasgos que ayudan a discernir sobre una posible posesión: “Si una persona habla una lengua que no conoce, especialmente el latín. Si puede mover objetos a distancia. Si conoce cosas ocultas o manifiesta una fuerza física infinitamente superior a la que debiera tener”.

He descubierto la intercesión de los santos, y me parece algo grandioso”.

La posesión es siempre sobre el cuerpo, no sobre el alma, que es un lugar sagrado donde mora Dios”.
Publicado en la revista BUENANUEVA. Nº 52