jueves, 23 de abril de 2015

JAVIER CEDRÓN, seminarista: "Experimenté su mirada sobre mí".


    (en la foto: Javier Cedrón, es el de la derecha del todo).


    Ayer estuve en un encuentro en la Sede de Obras Misionales Pontificias de Madrid. El motivo de la convocatoria es que el próximo 26 de abril se celebra la 52º Jornada Mundial de Oración por las vocaciones, y además, la Jornada por las vocaciones nativas.

    Cuatro jovenes -dos chicos y dos chicas- hablaban de su experiencia, de cómo el Señor les había "enganchado" para dar su vida al servicio del Evangelio, de la Iglesia. Y ha sido bonito y refrescante. Compruebas de primera mano cómo el Señor no está dormido, sigue actuando a pesar de nuestras debilidades y nuestros ruidos. Él sigue acompañando al hombre sacando de cada uno lo mejor de sí mismo. Han sido cuatro vidas abiertas en canal, para gloria de Dios. Y quiero empezar por Javier Cedrón, seminarista del Seminario Mayor de Madrid. Hoy es él. Otro día será otro.

    En la introducción, el sacerdote que moderaba la mesa dio unas cuantas pinceladas sobre la vida de este joven. Así, Javier nació en Carballo, La Coruña, estudió Filología inglesa en la Universidad de Santiago de Compostela y antes de entrar en el Seminario ejerció como profesor de inglés durante cuatro años en distintos colegios de Madrid; también estuvo un año en Japón, donde impartía Lengua española. Por último, el moderador comentó que Javier vive la fe, desde hace años, en la Renovación Carismática Católica.  

    "Estoy en 5º curso del Seminario en Madrid, aunque soy de Galicia -dijo-. Me vine a vivir a Madrid en 2003; yo provengo de una familia cristiana, de una vida de parroquia bastante activa, mi párroco era un hombre muy activo y sigue siéndolo, y la fe de mi casa ha sido la cuna donde mi fe se ha fraguado. Sin embargo, después de acabar la carrera entré en una crisis personal, estaba desorientado". 

    Y cuenta Javier que estando ya en Madrid, y en esta situación, unos jóvenes de la Renovación carismática le invitaron a hacer el Camino de Santiago: "Fui con un poco de recelo porque no me apetecía mucho, a mí no me va el senderismo, ni esto formaba parte de mis planes. Pero -continúa-  la verdad es que mi tristeza, mi desorientación, cambió radicalmente. Yo pasé de esa situación en la que estaba, a otra de una gran alegría experimentada con la gente con la que iba, y viví una gran novedad, que Jesús camina entre nosotros. Esto yo lo vi particularmente en el rostro de un compañero de camino. Y me supuso una gran alegría. 

    Ese camino de Santiago me cambió radicalmente, empecé a vivir la fe en primera persona. Empecé a participar en la Iglesia activamente en los grupos de oración -como esto sucedió en el contexto de la Renovación carismática, fue ahí donde me impliqué más: me integré en lo que nosotros llamamos el ministerio de alabanza, que se dedica a la evangelización a través de la música, del teatro, y a mí eso me cautivaba. Me gustaba mucho. Era mi interés personal. Mis gustos iban por ahí. Y el Señor me dio la oportunidad de evangelizar con estos medios, porque es que Dios se sirve de nosotros, toma lo que él mismo nos ha dado, para comunicarse él al mundo"
    .
    Y será después de este tiempo de conocimiento de la Iglesia cuando Javier experimenta algo nuevo: "Percibí por primera vez que el Señor me llamaba; esto era algo que en mi fuero interno yo rechazaba de alguna manera, sin embargo lo recibí bien porque fue muy sutil. Y eso se quedó ahí. Yo lo comparo con un regalo que te dan, puedes quedártelo pero no lo abres aún. Y pasaron unos años caminando en la Iglesia, muy feliz. Cinco o seis años después -yo ya estaba trabajando de profesor- hice unos ejercicios espirituales de fin de semana -puente de mayo-, recuerdo que surgió de una forma improvisada, era uno de los pocos puentes que tenía libres, y mi director espiritual me animó a ir. Dije: no tengo excusa, y fui. Y ahí fue donde me tuve que rendir, por así decirlo. Me tocó esta palabra del Evangelio que dice: "No me habéis elegido vosotros, soy yo quien os ha elegido"; a mí eso se me quedó grabado. Al  día siguiente rezando -yo creo que fue una de las primeras veces que rezaba bien, en silencio – vi en esa palabra la mirada de Jesús, una mirada muy personal, que me llamaba a una misión: “prepárame una barca”. Esa mirada me atravesó".

    Dice Javier que cuando se habla de la vocación y de la mirada de Jesús él se siente muy identificado.,, "Viniendo hacia aquí me acordaba de la canción que dice: “Me has seducido Señor, con tu mirada, me has hablado al corazón y me has querido, es imposible conocerte y no amarte, es imposible amarte y no seguirte. Me has seducido”. Pues es cierto. Porque al final, se trata de una relación de amor, es una llamada de amor en la que tenemos que vivir, y es como somos felices. Y eso fue lo que a mí me pasó. Me costó aceptarlo, ¿eh? Lo que pasa es que  había sido una experiencia muy fuerte, sentí que volvía a conocer a Jesús. Entras en un proceso de volver a conocer a Jesús, de ver la profundidad de quién es él. Y esto me impulsó a preguntarme, ¿qué tengo que hacer? Le conté a mi director espiritual lo que me había pasado, y pude tomar la decisión de ir al seminario. Porque yo no podía seguir con mi vida como si no hubiera pasado nada, yo tenía que responder a lo que me había ocurrido. Y eso hice. Realicé el curso introductorio al seminario, que es un dia a la semana, los sábados, y eso me ayudó mucho para tener conciencia de que yo era libre para responder. Dispuse de ese tiempo para responder con libertad, sentirme y experimentarme libre en la respuesta. Y Él, por su parte, no dejaba de darme señales demostrándome que es verdad... Si esto es posible es porque Dios llama, porque él está vivo, no es un recuerdo, no es un ideal simplemente, es algo que él lleva adelante, yo soy testigo de eso.

    Para terminar, Javier explica cómo se desenvuelve su vida en el Seminario: "Llevo en el seminario cinco años, mis compañeros y yo vamos a las pastorales el fin de semana, estamos en unas cuantas parroquias, en verano podemos hacer algunas actividades más. He tenido la suerte de ir también un par de veces de misión: hace dos veranos a Ecuador en una misión popular, y el año pasado estuve con las misionera de la caridad en el Bronx. Fue una experiencia brutal, fue buenísimo ver cómo los pobres te evangelizan, realmente. Yo soy testigo de cómo el rostro de Cristo está en ellos. A mí eso me conmovió mucho". 

                                                                                                                             Victoria Luque.