domingo, 25 de octubre de 2009

Me robaste el corazón



Me robaste el corazón,
amada mía, esposa...
me robaste el corazón.

Este canto está resonando dentro de mí, desde ayer al mediodía,
que lo oí por primera vez...
es del Cantar de los cantares.

El amado habla a la amada, y el amado, Cristo, le dice a la amada -la Iglesia, tú y yo... que le hemos robado el corazón.

Ojalá pudiérais oir la música que acompaña estas palabras,
cala hasta lo más profundo.

Sí, amado, te quiero.
Me has robado el corazón.

Esto se lo he podido decir de nuevo,
en la eucaristia... con la fe renovada.

Este fin de semana hemos estado de convivencia
con nuestra comunidad, y parece que
después de doce años empieza a darse
una cierta comunión entre nosotros,
cosa que es maravillosa.

Empezamos a sentir y a vivir como uno solo,
como cuerpo de Cristo resucitado que somos,
como Hijos del mismo Padre,
como hermanos del mismo Señor...

Empezamos a vivir la fraternidad, y es alucinante.


Como sabéis, llevo un tiempo bastante largo en una
especie de oscuridad,que me impide
ver a Dios en mi historia...

tanto es así que tengo la lengua "pegada al paladar",
como dice el salmo, incapaz de hablar de las maravillas que el Señor ha hecho
y está haciendo en mi vida, se me olvida de dónde me ha sacado el Señor,
cómo estábamos Jose Manuel y yo cuando nos agarramos, con verdadera hambre,
a la Palabra de Cristo... cuando nos hicieron un sitio, en esta barca que es la Iglesia,

se me olvida,porque Satanás también hace su trabajo...
y yo le ayudo, con mi insensatez.

Me veo como el ciego Bartimeo, que sentado a lo largo del camino,
pedía unas monedas...hasta que Cristo pasó por allí.

Hoy, en la penitencial que hemos tenido, se lo confesaba
al sacerdote,me veo al límite... me falta el agua...
el cura, joven, me decía: pídele la fe al Señor, la fe es un don,
grítale, "Señor dame la fe".

En la oración personal, yo sola con Él,
sólo he podido articular unas pocas palabras:
Señor, sal fiador por mí...

estas pocas palabras, han sido respondidas
por una frase de Cristo, cuando dice a Pedro:
"Rezo por ti ante mi Padre,
y cuando te levantes, confirma a mis hermanos".

Esto me ha inflamado el corazón.

Después, el evangelio de la eucaristía,
¿curiosamente?, hablaba de la fe.

Cristo se para delante del ciego Bartimeo,
que le gritaba, "Jesús, ten misericordia de mí",
y tanto gritaba, que Cristo se vuelve a él
y le dice: "¿Qué quieres que te haga?

Y dice la Escritura, que el ciego, dando un salto,
y abandonando su manto, que era todo lo que tenía
con lo que se arropaba en las noches a la intemperie)
le dice: "Señor, que vea".

Igual que yo misma. Que también le pido, insistentemente,
que salga fiador por mí, que no me abandone a mi suerte,
que ponga mis pies sobre la roca. Que vea.

Que le vea todos los días, en mi historia,
vivo y resucitado.

Y dice el evangelista que el ciego,
dando saltos de alegría, le seguía.

Igual que yo.

Me robaste el corazón
amado mio, esposo,
me robaste el corazón.